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Arzobispo llamó a sacerdotes ‘servidores del pueblo de Dios’

Hace siete años, Frank Delgado recibió la invitación para asistir a un retiro organizado por el Movimiento Juan XXIII, mientras cursaba el tercer año de la universidad. En el encuentro sintió el llamado de Dios, sostuvo su madre, Francisca Holguín. A sus 20 años dejó todo para seguir la formación en el Seminario Mayor. Ahí reafirmó su vocación y hoy es uno de los siete nuevos sacerdotes de la Arquidiócesis de Guayaquil.

“Me siento contenta, feliz porque sigue su vocación. Desde pequeño le gustaba ir a misa, cantar y orar. Incluso, la abuela, Isabel Álvarez, le decía: ‘Mi curita’ cuando tenía 10 años. Hoy (ayer), ella cumpliría 87 años y estaría feliz de verlo ya como sacerdote”, expresó sonriente, luego de felicitarlo por recibir la imposición de la estola y la casulla, los ornamentos que distinguen al sacerdote.

Ese fue uno de los momentos más emotivos de la homilía de ordenación de los sacerdotes, que presidió monseñor Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil, en la Catedral.

La ceremonia se desarrolló en un templo copado por feligreses católicos y familiares de los siete presbíteros.

Roberto Aguirre Padilla, Renzo Constantine León, Frank Delgado Holguín, Cristhian Morante Jiménez, Rubén Ortega Hurtado, José Vélez López y Carlos Véliz Lavayen son los nuevos “servidores del pueblo de Dios”. Así llamó monseñor Cabrera a la misión de todos los sacerdotes.

“Los servicios no podemos ni debemos realizarlos como si fuéramos meros funcionarios o profesionales que cumplen ciertas actividades (...). Los servicios deben estar siempre acompañados por una vida intensa de amor a la palabra de Dios, de una práctica sacramental permanente, la reconciliación de la eucaristía, de un amor sincero a los pobres. Si no existe el testimonio de vida, corremos el riesgo de convertirnos en unos asalariados de la palabra de Dios”, señaló monseñor Cabrera.

Pidió a los nuevos sacerdotes amar la Iglesia, ser servidores del evangelio, de los sacramentos, de la caridad y que jamás se olviden de que son servidores del pueblo de Dios.

Javier Aguirre, padre de Roberto Aguirre, expresó sentirse emocionado porque su hijo, de 28 años y quien mostró sus dotes espirituales desde pequeño, continuó el camino que ya estaba previsto por el Señor. Para celebrar prepararon, sostuvo, un almuerzo familiar.

Rosa Elena de Ortega, madre de Rubén Ortega, de 30 años, señaló: “Le doy gracias a Dios por esta bendición. Siempre fue un buen niño, guiado por el buen camino”. (I)

Apuntes
En misa

Promesa
Durante la homilía, los sacerdotes prometieron desempeñar con dedicación el ministerio de la palabra en la predicación del evangelio, implorar la misericordia divina y obediencia.

Postrarse en el suelo
Al hacer ese ritual reconocen su fragilidad y demuestran su disponibilidad para recibir la gracia del Espíritu Santo.

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