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La sabatina de La Maná: 500 veces Rafael Correa

Un instante casi quiebra a Rafael Correa en su sabatina. “Me siento muy emocionado”, dijo al final de su enlace 500 con una voz que, de pronto, se le fue. Sostuvo el aire y el rostro le encajó perfecto en un molde de nostalgia, justo cuando la cámara le apuntaba, la radio dejaba oír su silencio y buena parte de las sillas de plástico que se habían dispuesto en la cancha del estadio municipal de La Maná estaban vacías. La masa, la euforia, la lealtad se ubicó en el círculo más cercano a la tarima.

Lo que había empezado como un programa radial, en diez años se convirtió en una suerte de territorio de promoción de obras, de decisiones públicas y de disputas políticas. De la radio pasó también a la tele, a la web y a las redes sociales. El presidente, cada sábado que tuvo el micrófono en sus manos, marcó la agenda de los medios y de los líderes de opinión.

“Los sufridores dicen que es propaganda”, señaló. Y les respondió con una afirmación que ha sido la base de su gobierno: “esto no es propaganda, es información, es verdad”. Para Alberto, un anciano ganadero de finca que asentía y aplaudía en las filas de la mitad, aquella verdad es real.

Visto desde el cielo, el enlace 500 fue dispuesto con un centro (la tarima para Rafael Correa) y círculos de apoyo que se ubicaron desde el más cercano para los militantes hasta el más lejano de los curiosos.

A pocas sillas de él, más adelante, estaban en el primer círculo ministros, asambleístas, concejales, alcaldes…, autoridades del oficialismo -con sus asesores y subalteros- que habían llegado desde Quito, Manabí, Guayas…. A pesar del calor del mediodía en La Maná, a nadie se le ocurría moverse del puesto, a menos que sea para tomar agua o ir al baño: el qué dirán del círculo más cercano se siente. Más todavía en periodo de elecciones.

El segundo círculo

A unos 30 metros de la tarima, donde ya no había carpa, pero sí más sillas de plástico blancas, los asistentes empezaron a cansarse, especialmente, a media sabatina. “Mucho calor y cosas que ni entiendo”, le decía Mariuxi a su amiga Yomaira antes de abandonar la cancha municipal. Al fondo, Correa trataba de explicar “la desagregación tecnológica” y el sistema de “compras públicas” en el acuerdo comercial con la Unión Europea.

Los vendedores de agua, que al inicio se habían apostado a la entrada del estadio, empezaban a recoger las botellas vacías para reciclarlas.

Las sillas que habían sido colocadas en filas, ahora estaban acomodadas de acuerdo a mil intereses: los niños jugaban a treparse y saltar, los más cómodos estiraban los pies en las vacías, los militantes las acomodaban como en una reunión oficial para especular sobre quién de sus conocidos integraría alguna de las listas para asambleístas.

El tercer círculo

Los que se paseaban de un lado al otro y no se sentaban más adelante, porque no podían o no querían, conformaban un tercer círculo, el más alejado de la tarima del enlace 500. Allí había curiosos, muchos curiosos que, de cuando en cuando, se perdían entre los policías, militares y guardaespaldas que vigilaban que nada ni nadie empañe la celebración.

Primero se arrimaban a las mallas, luego al arco, después se acostaban. Un par de minutos y seguían deambulando. ¿Por quién vas a votar? preguntó un joven campesino a su compañera que recién llegaba del páramo de la provincia de Cotopaxi. No sé todavía, le respondió.

El centro

El enlace número 500 tuvo un centro: la imagen de Rafael Correa. Su nombre, su cara, su bicicleta y su apodo -Mashi- estuvieron por todos lados. Todo el tiempo.

El culto por el líder empezó la víspera, en Valencia, donde se realizó la llamada “noche cultural”. Cerca de las 20:00 un par de presentadores locales dio inicio a un festival con un mensaje repetido en todas sus formas: “queremos agradecer al señor presidente por su presencia esta noche”, "gracias presidente por lo que ha hecho”, “estamos agradecidos los ecuatorianos con usted señor presidente”. Luego la gobernadora Karla Chávez le dedicó un discurso que se resume en un emocionado “sin duda alguna, el país es otro después de Rafael Correa”.

Las imágenes se transmitieron también en dos pantallas gigantes, de tal modo que nadie en la pequeña cancha del polideportivo de Valencia se quedó sin ver el show.

Al día siguiente, horas antes del enlace 500, las cámaras de la Presidencia siguieron de cerca el recorrido en bicicleta de Rafael Correa desde Valencia hasta La Maná, unos 5 kilómetros.

A las 10:00, expectativa. ¿Por dónde llegará el presidente al estadio municipal? La espera generó más expectativa. Llegó cinco minutos tarde en una caravana de diez vehículos oficiales y cinco motos. Los policías y los militares le abrieron camino como a los artistas famosos que se ven rodeados de sus fans.

En la tarima le esperaba la cantante y presentadora Wendy Vera. La mujer le pidió que suba y le acompañe. Rafael Correa, receloso, accedió sonriente. El coro vino de las elecciones pasadas: “¡Ya tenemos presidente, tenemos a Rafael!”.

Correa cantó a todo pulmón el estribillo y, como si fuera un Arjona o un rockero de culto, estiró el micrófono para que la multitud cante. El presidente y la cantante ensayaron un dúo con “¡ya tenemos presidente..!”. Y la gente completaba: “¡tenemos a Rafael!”.

Después del canto, en el centro, ya sentado para iniciar su intervención, Rafael agradeció a los asistentes por la acogida y felicitó a la dueña de un restaurante donde había desayunado temprano. Destacó el sabor de la comida, dijo que estuvo muy rica, pero sobre todo, contó que le había llamado la atención que el combo se llamaba Mashi, como lo llaman a él. Se lo contó sobe el escenario a su tradicional compañero de sabatina, a quien, por otra parte, también se hace llamar Mashi.

El monólogo terminó a las 13:30. El presidente se despidió de los asistentes, les dijo “¡hasta la victoria siempre!”. Volaron decenas de globos conmemorativos del enlace 500, salpicó papel en las cabezas de los quedaban y la orquesta cantaba y bailaba con la misma energía con la que empezó la sabatina. La caravana de vehículos de ministros y más autoridades se alejaba poco a poco por las calles de piedra y tierra de La Maná. (I)

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