La edad de la tendencia suicida va disminuyendo

El aumento de la tendencia de una conducta suicida en menores de 10 años en adelante genera preocupación en especialistas, porque a esta problemática se suma el consumo de drogas y otras sustancias.

Así lo manifestó Carlota Manrique Suárez, médico tratante del Instituto de Neurociencias de la Junta de Beneficencia de Guayaquil (JBG), durante el taller ‘La crisis suicida: clasificación y manejo’, dictado ayer en las jornadas científicas y de actualización “Salud, mental, neurociencias y sociedad”, organizadas por este centro de salud.

Según Manrique, en el siglo pasado las edades de mayor frecuencia de conducta suicida era en los adolescentes entre los 17 y 18 años, esto es en bachilleres o estudiantes de quinto año, que ingerían diablillos, a fines de año, o se ahorcaban.

Expresó que en la actualidad se observa a menores de 10, 11, 12 años que tienen una postura de que se quieren morir. Una tendencia que se debe a múltiples factores, como la desestructuración familiar, el rompimiento de las relaciones amorosas, el divorcio de los padres o la muerte de un ser querido, entre otros, a los que se suma el consumo de drogas que conlleva a tener una mala relación familiar, castigos o deserción escolar.

De ahí que Manrique insistió en la necesidad de capacitar a docentes, trabajadoras sociales, psicólogos de instituciones educativas y líderes comunitarios, sobre la prevención de esa conducta.

Manrique señaló que, de acuerdo con la atención a pacientes con intentos suicidas, han detectado que está relacionado con el consumo de hache, droga que lleva a una interferencia en la producción académica y secuelas que anulan funciones como ser humano.

Otro de los expositores en estas jornadas, que concluyeron ayer, fue Luis Eduardo Yépez, jefe de Neurología del Hospital del IESS Teodoro Maldonado, quien habló sobre depresión y epilepsia.

Según Yépez, un estudio realizado hace dos años en Guayaquil revela que la posibilidad de que un paciente con epilepsia sufra de depresión es de alrededor del 32 %. De un universo de 300 pacientes seleccionados tanto del Neurociencias como del Teodoro Maldonado Carbo, 96 tenían epilepsia y depresión.

Yépez manifestó que este mismo estudio se realizó en Argentina, hace 5 años, con resultados similares, por lo que la idea es utilizar una herramienta que se originó en Canadá y que la usaron los argentinos, para reducir el tiempo de entrevista al paciente para, además de determinar que sufre de epilepsia también padece de depresión. Están en proceso de validación de la escala, que demorará dos años. (I)

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