Cómo quisiera que se seleccione a candidatos

En elecciones escucho los mismos discursos: “la mejor gente nos acompaña”; “tenemos los mejores hombres”, “mentes lúcidas”, etcétera. A la hora de la verdad encuentro siempre que acompañantes y los que pregonaban caen en lo mismo.

Cuando de buscar candidatos se trata, no siempre hay responsabilidad para buscar a los más preparados. La atención se centra en personajes populares preparados para otras cosas, no para trabajar por la sociedad. Pero a ciertas cabezas les importa poco, lo que buscan es quién contribuya con votos. Los criterios de selección tampoco se ven fortalecidos con análisis de las características personales, lo que además de los conocimientos y las experiencias son componente indispensable para un buen servicio. He oído promesas de “nunca más estrellas de espectáculos”, para que luego recurran a las mismas prácticas de selección que aquellas que criticaron. La responsabilidad política es un compromiso con el pueblo y el Estado. Quien escoge a sus colaboradores o a candidatos de manera superficial, interesada en lugar de, por los méritos apropiados para la función que se planea asignarles, pecaría contra un pueblo, contra un Estado. Es una manera de degradar la soberanía. Las sorpresas que aparentemente depara la corrupción de quienes ayer eran honrados y hoy devendrían en corruptos, son producto de la falta de criterio al seleccionar a sus colaboradores. Los argumentos de “fuimos engañados”, no funcionan cuando ese engaño constituye un prejuicio a un Estado, un pueblo. Las aparentes lamentaciones tardías no restituyen a un pueblo lo perdido por actos de corrupción. Por eso al escoger a un candidato para darle el voto, miro con detenimiento su juicio, su criterio de escoger quiénes lo acompañan. Los organismos electorales a pretexto de democracia no pueden permitir que se presenten candidatos que no cumplan los requisitos mínimos para cada dignidad. Quiero candidatos que antes de ser electos muestren su preparación para el cargo al que se postulan, muestren buen juicio y su idoneidad.(O)

José Manuel Jalil, ingeniero químico, Quito

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