Al cierre de los colegios electorales en Nicaragua, el presidente Daniel Ortega se acercaba anoche a su tercera reelección consecutiva. Sin contrincantes reales que le hicieran sombra, antes de que comenzaran a surgir los primeros datos oficiales la única duda era el margen de su victoria y si la exhortación de los opositores a boicotear los comicios había tenido efecto.

Ortega, excomandante guerrillero a punto de cumplir 71 años y líder del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y su mujer, Rosario Murillo, aspirante a la Vicepresidencia, votaron justo antes del cierre de las mesas. Con semblante sereno, destacaron el carácter pacífico de la jornada y la importancia de que sean nicaragüenses, y no extranjeros, los que controlen el proceso electoral.

“Estas elecciones han sido acompañadas por periodistas locales y del mundo, así como expertos electorales de nuestra América para acompañar a la autoridad, no para suplantarla”, afirmó el mandatario, quien se había negado a que hubiera misiones oficiales de observadores internacionales.

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La legitimidad de estos comicios generales, en los que también se renueva el Parlamento, ha sido puesta en duda debido a los movimientos llevados a cabo en los últimos meses por el oficialismo para debilitar a los partidos de oposición, muchos de los cuales vieron cómo sus diputados eran expulsados del Parlamento y de la contienda electoral mediante argucias legales, y son los que instaron a la ciudadanía a boicotear la jornada y quedarse en casa.

A primera hora, las autoridades electorales se mostraron satisfechas con la afluencia de votantes, pero la organización civil nicaragüense Panorama Electoral la calificó de ‘rala’ (escasa), y el principal movimiento opositor, el Frente Amplio por la Democracia, dijo en un comunicado que hubo una “ausencia masiva” en las urnas y “significa que el pueblo ha hablado fuerte y claro: no respaldamos la farsa electoral”.

Aspirantes aliados
Además de la candidatura de Ortega, había otros cinco aspirantes a la Presidencia, todos políticos desconocidos para la gran mayoría de los habitantes, a los que las encuestas no les daban ninguna opción y que no eran considerados opositores reales, sino aliados del actual gobernante. Según el analista político Carlos Tünnmermann, habrían aceptado participar en la contienda a cambio de obtener ciertas cuotas de poder en la Asamblea Nacional.

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Ortega llegó por primera vez al poder en 1979 tras una guerra civil en la que cayó la dictadura de Anastasio Somoza. Gobernó primero como parte de una junta y luego como presidente, hasta 1990, cuando perdió las elecciones, pero regresó al poder en 2007. Desde entonces ha sido reelegido en dos ocasiones. De confirmarse la victoria, este nuevo mandato no será sencillo, auguran los analistas.

Según el sociólogo y economista Óscar René Vargas, catedrático de la Universidad Centroamericana, la falta de cooperación de Venezuela –un socio incondicional de Managua junto con Cuba, pero que vive una gran crisis–, el alto precio del petróleo y la posibilidad de que salga adelante la iniciativa estadounidense para bloquear créditos a Nicaragua “hacen un panorama más que complejo para Ortega en el próximo periodo presidencial”. (D)