Tributo musical y otros rituales para evocar a parientes fallecidos

“Cuantas veces, siendo niño te recé/ con mis besos te decía que te amaba/ poco a poco con el tiempo, olvidándome de ti/ por caminos que se alejan me perdí...”, cantaba ayer Óscar Alcívar con una voz tan sutil como las melodías de su guitarra.

Poco antes del mediodía, él llevó una serenata a la tumba de su abuela Amanda Martínez, en el camposanto Parque de la Paz, en el kilómetro 13,5 de la avenida León Febres-Cordero.

Y esa tradición de llevar música adonde reposan los seres queridos se replicó en otros cementerios desde temprano con motivo de conmemorarse el Día de los Difuntos.

Alcívar estuvo acompañado de su esposa, Elisa Flores, sus hijas María Fernanda y Amanda, y otros parientes más.

“Me gusta cantarle música católica que a ella le gustaba y cantaba también”, comentó el hombre con nostalgia, pues contó que se crio con su abuela, fallecida hace cinco años.

Mientras la familia Alcívar y muchas otras más visitaban las tumbas de sus seres queridos, un grupo de niños acompañados de sus padres pintaban en un mural frases de cariño y dibujos como un homenaje póstumo a sus difuntos.

Esa actividad, el reparto de colada morada (bebida tradicional de la fecha), una serenata de Nicole Rubira y una misa campal fueron parte del programa organizado por el camposanto para conmemorar a los difuntos que allí reposan.

El martes en la noche, en dicho cementerio la cantante Luchiana Hakman ofreció música a la carta en un show en el que los asistentes escogieron de entre un menú de temas el favorito para dedicar a sus familiares fallecidos. Canciones como Amor eterno, Nuestro juramento, A la cima del cielo, My way, y otras fueron parte del repertorio que interpretó la artista acompañada de un piano.

A más de las costumbres locales de esta fecha, en Parques de la Paz se observaron también rituales extranjeros.

La familia de Jin Qiang Zhuang, chino fallecido hace 16 años, llevó hasta su tumba comida: cerdos y pollos hornados, frutas, bebidas, vino y café para compartir en ese sitio.

Allí mismo, en un recipiente metálico incineraron papeles en blanco. “Los papeles representan una ofrenda”, explicó Juan Carlos Zhuang, nieto del fallecido hace 16 años.

En el Cementerio General por el lado de la av. Pedro Menéndez Gilbert, Félix León fue uno de los primeros visitantes.

Vestido de terno negro y un sombrero blanco, el hombre de 76 años, cantó junto a Albino Valenzuela, un artista popular, el tema Esposa.

“Quiero que seas feliz mientras yo viva / y que no tengas ni un dolor siquiera”, fue el estribillo que retumbó en el bloque de bóvedas, donde reposa su cónyuge desde hace 9 años.

“Desde que falleció mi esposa yo vengo a visitarla al cementerio así como me ve. A ella le gustaba que yo me vista bien”, recordó él mientras su hija Cecilia lo filmaba con el celular.

En el cementerio Ángel María Canals, del suburbio, Kerwin de la Ese, con un traje de músico ranchero, ofreció serenatas a la familia García Loor.

En ese camposanto al igual que en el Cementerio General quienes no llevaron músicos a las tumbas de sus parientes pusieron un repertorio que salía desde tablets, celulares y otros dispositivos electrónicos con salida de audio.

En el Cementerio General
A las 09:00 de ayer, en la cruz alta por la puerta número uno del Cementerio General, el arzobispo de Guayaquil, monseñor Luis Cabrera, ofició una misa en la que participaron 200 feligreses. En otros cementerios también hubo misas. (I)

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