El contrabando deja su marca en zonas rurales

En fosas cavadas a un costado de las zonas de cultivo se acumulan las cebollas, cuyo color morado ha dado paso a capas marchitas que se deshacen bajo el sol en la campiña del humedal seco Velasco Ibarra del cantón Salinas, en la provincia de Santa Elena. Allí se almacena la producción –de unas 450 hectáreas de áreadestinadas principalmente al sembrío de esta hortaliza– que no llega a venderse, que se pudre a la intemperie.

Esta semana la producción de la zona permanecía en sacos puestos en fila al pie de los sembríos que aún contienen más cosecha, luego de que el jueves 20 de octubre pasado, los agricultores esparcieron cebollas coloradas en proceso de putrefacción al pie del edificio del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (Magap) de Guayaquil. Fue en protesta por los bajos precios debido, según dicen, al contrabando de cebolla que ingresa de Perú, país con el que Ecuador mantiene un déficit comercial en la rama de productos no petroleros.

Antes de esta protesta, Javier Ponce, titular del Magap, afirmaba –según lo publicado por el sitio web de esta entidad el 12 de octubre pasado– que “los productores de cebolla del sur muchas veces son los que comercializan con contrabandistas los permisos de movilización de cosecha y en eso vamos a ser muy duros...”. A más de asegurar que los controles serían reforzados, Ponce agregó: “Uno percibe que cuando comienzan a funcionar los mecanismos de control en la frontera sur, inmediatamente en Manabí..., sube el precio”.

Pero Joel Magallanes, Fernando Zavala y Clemente Rivas son algunos de los que tienen producción acumulada y aún no ven que el precio cubra al menos sus gastos de cosecha. “Hay que vender en $ 11 el saco (de cebolla colorada) para recuperar la plata, pero nos están dando $ 6,50 y antes de la protesta nos pagaban $ 3”, dice Magallanes.

Hace un año, añade este agricultor, un saco se vendía en $ 18: “Entonces me animé más, compré más, invertí tres veces más”, comenta. El resto hizo lo mismo. Y la campiña se repletó con cultivos de cebolla que resaltan en medio del verdor.

Los miembros de la Asociación de Agricultores del humedal Velasco Ibarra contrataron una veeduría al respecto que da cuenta de que los comerciantes compran a los agricultores locales el Certificado de Origen Nacional de Producción Agropecuaria, que entrega el Magap desde el 26 de agosto pasado como requisito para la movilización de la producción agrícola nacional. Esto se aplica también para la papa, arroz, aguacate, mango, tamarindo, limón, mora y maíz duro, según el sitio web de la entidad.

Así, producción que llega de los países vecinos se moviliza en Ecuador como si fuera producción local, según indican los encargados de la veeduría.

El problema es que un saco de cebolla colorada que cuesta entre $ 2 y $ 3, en la frontera con Perú sube a $ 6,50 al llegar a los mercados mayoristas del país. Esto conlleva a que los comerciantes no paguen más allá de ese valor a los campesinos locales. Sin embargo, el costo de producción del saco de cebolla nacional va de $ 9 a $ 12, según la zona de cultivo.

Fernando Zavala, quien cultiva 17 hectáreas en Santa Elena, cuenta que el contrabando afecta con más fuerza desde hace dos años. “Hay más de 150 pasos ilegales entre El Oro y Loja”, sostiene Zavala, y agrega que el negocio está en manos de los comerciantes intermediarios. “Ellos prefieren darle publicidad a la cebolla peruana porque en esa venta tienen un mayor margen de ganancia, hasta $ 5,50”, dice Zavala.

Este es un problema que afecta también a otros cultivos como el arroz y la papa. Son vaivenes de precios que no se notan en los mercados locales de venta al público en los que los costos se mantienen igual o tienden a subir. El consumidor final paga, por una libra de cebolla, entre $ 0,30 y $ 0,40, por una libra de arroz, $ 0,50; y por la de papa, $ 0,30.

El costo promedio del kilogramo de cebolla colorada (unas 2,2 libras) fue de $ 0,29 en septiembre pasado en los mercados de mayoristas, según un cálculo realizado por las asociaciones de cebolleros con base en precios que se publican en el sitio web del Magap.

El arroz también está acumulado en piladoras del cantón Daule, en Guayas. El vicepresidente de la Corporación Nacional de Arroceros del Ecuador, Washington Núñez, afirma que al ingreso de arroz peruano, que altera los precios, se suman la falta de liquidez y una mayor producción respecto del año pasado, cuando los agricultores frenaron en parte los sembríos como precaución ante el anunciado fenómeno de El Niño.

Un caso es el de Guillermo Morán, de 50 años, quien asegura que del 100% de la producción que almacena ha vendido el 15% esta semana. Un saco se comercializa hoy en $ 29, $ 30 y hasta $ 32, pero los arroceros dicen que mínimo debería venderse de $ 38 en adelante para obtener ganancias.

A ello se suma el uso de más plaguicidas en los cultivos, agrega Román, un pilador y agricultor de la parroquia Limones de Daule: “Antes eran tres fumigadas y nada más, ahora hay que tirar más porque nos coge el caracol, la cinta amarilla, nos coge una que se enrolla la hoja, el grano negro, son cuatro plagas que hay”.

El consumo aparente de plaguicidas en cultivos aumentó de 19.315,73 toneladas a 29.299 t entre 2003 y 2012, últimas cifras disponibles. Este Diario pidió esta semana al Magap una entrevista con el funcionario encargado del tema del contrabando y la productividad, pero no hubo respuesta al cierre de la edición. (I)

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