Niños, más emocionados por paso de coloridas alegorías

Los hermanos José y David saltaban y movían las manos ayer para llamar la atención de los personajes de Juan y Juanita Pueblo, que saludaban de lejos, a bordo de una barcaza con alegorías de su imagen y del faro del cerro Santa Ana.

Los niños de 8 y 10 años estaban en la baranda de la Plaza de la Música viendo emocionados el paso de esa y otras cuarenta embarcaciones que llenaron de color y música el estero Salado. Esto, como parte del cuarto desfile náutico El estero es mi destino, en homenaje a los 196 años de Independencia de Guayaquil.

Durante una hora, cientos de familias admiraron las seis barcazas alegóricas que destacaron la fauna del manglar, como el cangrejo, la iguana, el bagre, así como también las naves de la Armada Nacional, Policía, Cuerpo de Bomberos, Capitanía del Puerto, Cruz Roja, algunas turísticas, entre otras.

La mayoría se concentró a lo largo de la Plaza de la Música, mientras otros prefirieron ubicarse en los puentes, como Édison Segura y su hijo Sebastián, de 6 años, quienes al pasar por la avenida Barcelona y tomar el puente de Gómez Rendón se detuvieron para ver el desfile.

“Íbamos a visitar a mi mamá y nos detuvimos para ver las barcazas, están bonitas”, comentó Segura, mientras le tomaba una foto a su niño con el fondo de la lancha con la alegoría del cangrejo.

Esta barcaza navegaba al ritmo de la marimba, entonada por los músicos del grupo de la isla Trinitaria.

“Está muy bonito, venimos de Durán a pasar un momento ameno, de distracción. De todos los barcos me gustó más el bagre, se lo veía rico, como para hacerlo en un sancocho”, dijo Consuelo Carvajal, quien disfrutó del desfile con su nieta, Carolina, de 12 años.

Ana Vanegas con sus dos hijos, de 12 y 8 años, se mostraron emocionados al ver a los hombres rana de la Infantería de Marina nadar y ser rescatados por lanchas de esta institución. Los más pequeños se emocionaron al ver volar al helicóptero de la Aviación Naval.

El evento coincidió con el cumpleaños del alcalde Jaime Nebot. Él y decenas de asistentes disfrutaron de pedazos de torta que se repartieron sin costo. (I)

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