La palabra diaria

En el silencio, recibo claridad.

El silencio
Si estoy ocupado, cosas adicionales o inesperadas pueden causarme estrés. Para evitar esa presión, tomo tiempo para aquietarme e ir al silencio. Cierro los ojos y sosiego mi mente. Las interferencias externas ya no me inquietan. Aquí, en el silencio, presto atención al Espíritu divino —mente, cuerpo y espíritu. En el silencio, en mi conciencia interna de la presencia de Dios, encuentro la guía y la confianza que necesito para tomar decisiones cabales. En la quietud, siento y reconozco mi unidad con Dios. Descubro serenidad y fe para avanzar con valor. Al regresar al momento presente, encuentro que tengo la fortaleza y la paz mental que necesito para hacer lo que me corresponde hacer. En el silencio, recibo claridad.

2 Corintios 13:11
Anímense y vivan en armonía y paz; y el Dios de amor y de paz estará con ustedes. (F)

 

 

 

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