Patricio Robayo: ‘El presidente (Febres Cordero) jamás se arrodilló ante nadie...’

El próximo 16 de enero se cumplen 29 años del llamado Taurazo: el secuestro del fallecido expresidente León Febres-Cordero por parte de un grupo de ‘comandos’ que exigía la liberación del jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, Frank Vargas, detenido por insubordinación. Patricio Robayo, uno de los miembros del equipo de seguridad del exmandatario, cuenta detalles del hecho, al que describe como un intento de magnicidio.

¿Cómo se dio el secuestro del fallecido expresidente?
Había una invitación a una ceremonia de los aviones Jaguar... Llegamos a la base y había una formación formal, aparentemente... El presidente pasó saludando la bandera, se ubicó para recibir los honores y cuando se entonaban las notas del himno, hubo un disparo que salió del personal que estaba en la escolta de la bandera. Las tropas formadas comenzaron a disparar. Los del equipo de seguridad cercamos al presidente para ofrecernos como escudo humano. De esa acción caen heridas cuatro personas (del grupo de seguridad): A Jaime Quinga, en el suelo, se le acerca un excomando, le pone la trompetilla del fusil en la cabeza y lo mata; Eliécer Herrera, con varios impactos en el cuerpo, agonizó hasta que murió; a Segundo Paspuel, estando en el suelo, le pegaron otros tiros; y a Carlos Solís, ensangrentado junto al presidente y junto a mí, le rematan. Fue algo terrible.

¿Con usted qué pasó?
Milagrosamente salí sin un solo tiro, logré derribarle al presidente y me coloqué encima para protegerlo. Luego me golpearon, me insultaron, me vejaron, al igual que hicieron con la comitiva del presidente, personal civil y el alto mando militar... Luego de eso hay un corto cese al fuego pedido por uno de los cabecillas del intento de magnicidio. El capitán John Maldonado dijo: “Alto, ya no disparemos, ya no seguemos más vidas humanas...”. Como era parte del grupo que planificó (el secuestro), le hicieron caso por un momento y hubo ese espacio de tiempo para analizar lo que estaba pasando. Había dos muertos, heridos y el presidente tendido en el suelo; le ayudé a incorporarse para que lo lleven a un bus. Al resto nos pusieron en otro.

¿Para llevarlos a dónde?
Para llevarnos secuestrados a la capilla; y al presidente, al Comando de la Fuerza, que es una sala separada... En esas horas, en la capilla, había una escuadra que prometía que nos iban a disparar si el mandatario no cumplía con sus petitorios, como dejar libre al general Vargas que estaba detenido por insubordinación. En el Comando, el presidente estaba conversando para buscar una solución inteligente porque la intención del alto mando era que fuerzas especiales ingresen a realizar ese rescate. Pero eso habría cobrado muchas vidas... Yo quiero puntualizar algo: los que estuvimos secuestrados en ningún momento perdimos la dignidad, ni la hombría de bien, ni nos humillamos ante nadie, sabíamos que estábamos en serio riesgo, pero jamás perdimos la compostura; peor aún el presidente, que no se arrodilló ante ningún sujeto bajo la presión de las armas...

¿Cómo califica la actuación de los excomandos de Taura?
El delito que cometieron se lo puede ver muy claro; primero la planificación; segundo, se dieron misiones, cuáles eran los que iban a dar la alarma para cometer el magnicidio, cuáles eran las personas que nos pusieron al equipo de seguridad y a la comitiva... Luego el intento de magnicidio, que por nuestra acción no se cumplió. Cuarto, el secuestro; quinto, los vejámenes a los que nos sometieron, golpes, patadas, insultos, no nos permitieron tomar agua, nos pusieron centinelas armados, nos presionaron psicológicamente... Entonces hubo toda una serie de hechos que van en contra de los derechos humanos, en contra de la ley, la razón... Actuaron de forma ilegal y mataron a sus propios compañeros...

¿Usted cree que el trato que los excomandos recibieron luego de este hecho fue justo?
Si hablamos de justicia o injusticia, yo creo que los seres humanos nos merecemos el mejor trato amparados en la Constitución y la ley. En este caso, los excomandos fueron procesados por haber cometido delitos comprobados y fueron llevados a la cárcel; luego del indulto que les da el presidente Rodrigo Borja salen y comienzan su vida normal. Después dicen que han sido maltratados. La Comisión de la Verdad hace un pseudoinforme en el que les ponen como víctimas, pero a nosotros, las verdaderas víctimas, no nos entrevistaron, no hubo el equilibrio de los que están investigando la verdad... No fueron técnicos.

¿Ustedes intentaron acercarse para que tengan su versión del caso?
Yo no conocía de este proceso, porque sí hubiese pedido que se me tome en cuenta.

El proceso de la Comisión de la Verdad fue público...
Fue público, pero eso no equivale a que yo conozca porque también tengo actividades que debí haber estado cumpliendo en ese tiempo. Era obligación de ellos tomar contacto con todas las personas involucradas. (I)

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