El médico Carlos Figueroa cumplió los seis meses de cárcel impuestos por cometer injurias contra el presidente de la República, Rafael Correa, pero que sus otros dos compañeros, Cléver Jiménez y Fernando Villavicencio, continúan escondidos. Mientras trata de retomar su vida, cuenta lo que él define como persecución.

¿Cómo cambió su vida la sentencia?
La persecución se inició antes de la sentencia, en mi caso me sacaron del Hospital del Día de la Universidad Central y había ganado el concurso para profesor principal de farmacología y el exrector puso trabas a mi posesión por quedar bien con el poder. Sabíamos además que el Gobierno no haría caso a las medidas cautelares emitidas a nuestro favor por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

¿Y cuándo pasaron a la clandestinidad?
Apenas se emitió la decisión de la Corte Nacional. Llegó la propuesta de ir a Sarayacu, pedimos asilo y ellos nos recibieron. A los pocos días el Gobierno intentó acciones de locura: ordenaron a un avión de guerra sobrevolar sobre el río Bobonaza. Los niños creyeron que dispararía misiles y se escondieron aterrados. Entiendo que se pidió al Ejército ingresar, los militares en Pastaza dijeron que esa no era su labor y se negaron. Enseguida se emitió un decreto para que las Fuerzas Armadas también controlen el orden interno.

Publicidad

¿Eso motivó salir de Sarayacu?
Hubo una reunión con el pueblo y explicamos nuestra posición de dejar el poblado, veíamos una posición delirante del poder y comprendimos que podía haber una incursión armada. En un operativo preparado en una semana salimos vía fluvial. Rindo homenaje a Hugo Medina, que murió luego de un accidente aéreo en esa comunidad, fue la persona que expuso su vida y nos sacó hasta el Puyo, fue un viaje tremendo, cruzamos en cinco veces el río Bobonaza y a veces ya nos llevaba.

¿Entonces se separó de Jiménez y Villavicencio?
Ese día nos dimos muchas recomendaciones, como tener cuidado con los sistemas de comunicaciones o cambiar de casas frecuentemente, siempre se mantuvo el ánimo de no dejarse vencer.

¿Cómo se transformó su vida con la orden de prisión?
Uno se convierte en una carga para la familia, tienen que mantenerte, deben enviarte recursos, profesionalmente se es anulado. Es verdad que en Sarayacu hice mi labor de médico: cinco cirugías y atendí dos partos, pero debía regresar para ver a mi madre que estaba por fallecer. Por eso fui apresado, cuando estuvo hospitalizada pedí permiso de verla pero me negaron, luego de su muerte me permitieron estar 20 minutos en la funeraria.

Publicidad

Usted escribió una carta a su madre desde la cárcel.
Le dije que le ayudé cuando debía hacerlo, viví en un hogar humilde donde cuidé de mis hermanas, hacía las labores de la casa. Ella a su vejez terminó la escuela, el colegio y tres años antes de su muerte se graduó de enfermera, esa era mi madre, una mujer luchadora que me enseñó la dignidad.

¿Y cómo fue el momento en que lo aprendieron?
Fue un comando del Grupo de Intervención y Rescate (GIR), más una gran cantidad de fiscales, el oficial que me detuvo estaba a cargo de los más buscados, entonces yo era uno de ellos. Al inicio me maltrataron pero tuve que enfrentarlos, les dije ‘me respetan porque soy un médico’, luego pidieron disculpas. Me acuerdo que me pidieron que colabore con el paradero de Jiménez y Villavicencio y el ministro del Interior tendría consideración conmigo. (I)

Publicidad

6
Meses de cárcel fue la sentencia de Carlos Figueroa.