Solo cenizas y desolación
Sentado y en total silencio, un hombre observaba impotente cómo su hogar quedó en la nada. Sin un techo y sin más pertenencias que la ropa que lleva puesta, su vida y la de los demás damnificados se sumen en la miseria, en la incertidumbre de no saber qué pasará mañana.
Solo cenizas y desolación
Martha Ruiz y sus cuatro hijos se salvaron de morir, pero lo perdieron todo: sus bienes, electrodomésticos y hasta los útiles escolares de los niños. Tras la desgracia, ella espera que las autoridades colaboren con los damnificados para recuperar sus casas.
Solo cenizas y desolación
Verónica Mora, de 8 años, perdió su casa, su cama y juguetes, pero lloraba porque entre lo quemado estaban sus cuadernos con la tarea que hizo la noche del incendio. Estudia en la escuela Enrique Díaz Galarza.
Solo cenizas y desolación
El pequeño Jeremy Pincay, de 5 años, revisaba entre los escombros de la casa de su familiar, Ignacio Pincay, restos de algunos libros. El solar 21, de caña y madera, en la manzana C 13, fue devastado por el fuego la noche del jueves.
Solo cenizas y desolación
Dalia Reyes, de 39 años, luchó diez años por tener su casa. En tres horas se esfumó el sueño de su vida.
Solo cenizas y desolación
El equipo que recién había comprado Alexandra Delgado, de 24 años, quedó calcinado. Debe 11 letras de $ 44.
Solo cenizas y desolación
Víctor Sánchez encontró 1 dólar en monedas quemadas que su vecina Cecilia Holguín había guardado en una Biblia. En este libro, Holguín había ahorrado unos cien dólares en billetes, pero el dinero se perdió en el flagelo. Sus hijos se quedan en la casa de una tía en la Alborada.
Solo cenizas y desolación
Ana Limones abraza a su compañera del colegio Aurora Estrada, Karen Guzmán, de 15 años, quien es una de las damnificadas.
Solo cenizas y desolación
Segundo Aguirre Almeida, de 49 años, se despertó al oír los gritos de incendio. Se salvó de morir.