Un árbol ha muerto de espaldas sobre el río. Con los brazos extendidos. No hay suficiente agua para enterrarlo, ni una sábana para cubrirlo. Arriba, muy lejos, se extiende el cielo sin una sola nube. Y de allí ha bajado un pájaro creyendo que era su hogar esperándolo con los brazos abiertos. Había...
Dejar en casa las banderas, los himnos, los símbolos patrios que tan gordos me caen, que siempre me han caído gordos. Yo era esa niña que odiaba el Minuto Cívico, que duraba como tres horas, en la escuela. Cantábamos cosas horribles como “nuestros pechos en férvido grito” y “Dios mir...
Esta mañana recibí una carta que me quitó de un golpe el sueño. Al abrir el sobre me encontré con una pequeña tarjeta enviada por mi seguro de salud: un carné de donante de órganos y tejidos. Si repentinamente muero, me explicaban en la carta adjunta, este documento permitirá que se...
El agua nos llegaba hasta la cintura y estaba tan oscuro, y el agua tan sucia, que no veíamos dónde pisábamos. Nos aferrábamos al brazo de la primera persona que encontrábamos. Y así, por si metíamos el pie en una alcantarilla o nos tropezábamos en una vereda, caminamos por la avenida 6 de...
Así que están bravos, bravísimos, un puñete de hombres blancos. Y tienen razón. Las cosas no les van bien, ni aquí en Alemania (donde también marchan “unidos” para sentirse más fuertes) ni en ese país de cuyo nombre no quiero acordarme. Y es que, de verdad, las cosas les...
¿Han visto cómo a Pinocho le creció la nariz por mentiroso? Pues a los columnistas, con el tiempo, lo que nos empieza a crecer es el dedo índice. De tanto andar señalando, opinando, sermoneando, uno termina por subirse al púlpito de la arrogancia moral. Allí encaramados, “revelando” lo...
Había un cementerio de animales en la autopista y sin embargo todo olía a flores. A flores artificiales: a detergente, desinfectante, perfume, champú, desodorante, jabón antibacterial. Había mapaches y zarigüeyas y venados muertos al filo de la interestatal, serpientes prendidas al asfalto como cintas de...
A estas alturas sobraría un prólogo para describir el daño que el exceso de automóviles está causando a nuestras vidas. Y a nuestros pulmones. Más tiempo atorados en tráfico que con nuestros abuelitos, en ciudades donde cada bocanada de aire es vida y muerte, tan contaminadas que los pulmones de sus...

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