Jueves 21 de marzo del 2013 Viva Guayaquil

Rezan al hermano gregorio cada 27

Bajo la imagen del Hermano, las personas lavan las partes de su cuerpo con problemas médicos para ayudar a curarlas.

Bajo la imagen del Hermano, las personas lavan las partes de su cuerpo con problemas médicos para ayudar a curarlas.

Llegan de todas partes de Ecuador, incluso de Perú, hasta la iglesia San Antonio de Padua para rezarle al Hermano Gregorio.

El 27 de cada mes, desde las 07:00, se abren las puertas del templo ubicado en Urdesa norte, av. Cuarta 307 entre las calles Segunda y Tercera. Fue abierto en 1981.

Son pocos los fieles que van alegres. Rostros de tristeza y preocupación invaden el lugar y las tres cuadras alrededor donde se ubican vendedores de comida, estampas y artículos religiosos varios. José Gregorio Hernández (1864-1919), conocido como Hermano Gregorio, fue un médico venezolano apegado al catolicismo al que después de muerto le atribuyen poderes de sanar enfermos, como un intermediario de Dios.

Gonzalo Mora es de Guayaquil y llega con su familia cada mes para pedir por la salud de sus seres queridos. Lleva años haciéndolo y cree que le ha dado resultado. Así también Juana (nombre ficticio), quien tiene dolores corporales y espera tener una ayuda del hermano, que fue calificado como venerable por la Iglesia en los ochenta, pero no es santo porque su nombre está vinculado a actos de santería.

A la entrada están los que llegan a hacer el negocio del mes. Steven Orozco y su familia viajan desde Loja a vender estampas, collares, velas, pulseras, llaveros y otros souvenirs del doctor. La figura del hermano, grande –de un metro de alto–, por ejemplo, cuesta 350 dólares y es fabricada en Perú. La familia Orozco vivió en Venezuela hace diez años y sus integrantes saben que el negocio de la devoción al médico tiene buenos frutos.

Hay comerciantes de Cañar, Pichincha, Azuay, Guayas y otras provincias. Además de artículos religiosos, ofrecen ropa, piedras zodiacales, imágenes del budismo, inciensos, zapatos, dulces de maíz y arroz, miel de abeja, granizados, papas rellenas y otros manjares populares, que resultan en un aroma eclético e indescifrable.

Antes de subir a la iglesia hay una zona bajo una inmensa imagen del Hermano Gregorio pintada sobre baldosas, en donde la gente se lava partes del cuerpo afectadas por la salud con agua que sale de tres llaves, mientras reza la oración del agua. Algunos atribuyen al líquido propiedades curativas y otros solo se refrescan por el intenso sol que cae sobre la ciudad.

Mensajes escritos en recetas médicas, en papeles o fundas, placas de mármol, metal o madera, fotos carné, muñecos, rosarios y flores de plástico atestan las paredes de la zona de plegaria, donde hay una escultura de cuerpo entero del Hermano Gregorio tras una reja. Allí los creyentes arrojan monedas como procedimiento para acelerar el pedido. Junto a esta, hay un cuadro del rostro del médico en un pasillo, en el que la gente hace fila para tocarlo, mientras deja velas de colores en dos depósitos metálicos.

La imagen de los fieles se repite hasta las siete de la noche, hora a la que cierran las puertas de la iglesia. A la salida hay un vendedor que llega desde Coca para ofrecer riñosal, higasal, diabetisan, prostasal y otras especies naturales para mejorar el funcionamiento del cuerpo. Dice que cree en los milagros del Hermano Gregorio, pero también en las hierbas.

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