viernes 08 de marzo del 2013 Columnistas

Gabriela Calderón de Burgos gabriela.calderon@cato.org |

La productividad de la inversión

Los economistas James D. Gwartney y Robert A. Lawson se propusieron demostrar el impacto de las instituciones sobre la inversión, descubriendo que no solo (1) los países donde hay más libertad económica atraen más inversión sino que (2) esta suele ser más productiva: una cantidad determinada de inversión aumenta el crecimiento del PIB per cápita por una tasa mayor.

La libertad económica, según la define el índice de libertad económica del Fraser Institute de Canadá, comprende la libertad de las personas para elegir participar en intercambios voluntarios, competir y poder hacerlo mientras su persona y su propiedad están seguras. El índice del Fraser Institute califica esto en torno a cinco áreas: el tamaño del Estado, el sistema legal y los derechos de propiedad, una moneda sólida, libertad de comerciar a nivel internacional, y las regulaciones.

Gwartney y Lawson utilizaron los datos de este índice para los 99 países para los cuales hubo información en el periodo de 1980 a 2000 y los dividieron en tres grupos: aquellos países con mayor libertad económica (calificación superior a 7 sobre 10), aquellos con un nivel intermedio de libertad económica (calificación entre 5 y 7), y aquellos con menor libertad económica (calificación inferior a 5). Entre 1980 y 2000 las economías menos libres atrajeron solamente $ 845 por cada trabajador mientras que las que tenían la mayor libertad económica captaron $ 10.871. En otras palabras, las economías más libres atrajeron más de doce veces lo que captaron las economías más estatizadas.

Y la brecha es todavía mayor si se considera la inversión extranjera directa (IED). Los autores descubrieron que la captación promedio de IED por cada trabajador entre 1980 y 2000 fue de $ 3.117 en las economías constantemente más libres y solo de $ 68 para las economías persistentemente menos libres. Es decir, las economías más libres recibieron más de ¡45 veces! lo que recibieron las economías menos libres.

Sus investigaciones muestran que la inversión privada es más productiva que la pública, incluso considerando únicamente los países en vías de desarrollo. Un aumento de un punto porcentual en la inversión pública en estos países agregó 0,18% al crecimiento económico durante 1980 y 2000 mientras que un aumento de un punto porcentual en la inversión privada agregó 0,47%.

Gwartney y Lawson descubrieron que la productividad de aumentos en la inversión privada entre 1980 y 2000 fue 70% más alta en las economías más libres que en las menos libres. Si se considera la inversión total (incluyendo la pública), la productividad fue 31,7% mayor en las economías más libres que en las menos libres.

A modo de ilustración, los autores compararon el desempeño de Hong Kong –la economía persistentemente más libre del mundo y prácticamente sin recursos naturales– con aquel de Venezuela –nación rica en recursos naturales que viene experimentando un marcado declive en su libertad económica desde 1970 hasta llegar a ser hoy la menos libre del mundo en este índice–. En 1960 Venezuela tenía un ingreso promedio per cápita de $ 6.720, más del doble que el de Hong Kong que era de $ 3.249. Para 2002 el ingreso de Hong Kong llegó a $ 26.910, más de cinco veces el de Venezuela que era de $ 5.380. Los recursos naturales no pueden explicar este dramático revés de las fortunas, pero la libertad económica sí.

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