Sábado 02 de marzo del 2013 Comunidad

Nostalgia de vecinos por el traslado del Batallón del Suburbio

Imagen de la fachada del Batallón del Suburbio, que está ubicado en la esquina de la 29 y la J, donde se construye una Unidad de Vigilancia Comunitaria (UVC).

Imagen de la fachada del Batallón del Suburbio, que está ubicado en la esquina de la 29 y la J, donde se construye una Unidad de Vigilancia Comunitaria (UVC).

Varios rumores circulaban entre los vecinos del barrio Batallón del Suburbio sobre cuál sería el nuevo uso del terreno del reparto militar, desde un centro comercial hasta un parque, pocos sabían que se construyen dos edificios para la Policía.

Esto después de que el Ministerio de Defensa traspasó los 7.637 m² al Ministerio del Interior para la construcción de una Unidad de Vigilancia Comunitaria (UVC) y autorizó la transferencia del dominio del remanente (77.617 m²) al Municipio para el proyecto de la Terminal de Integración Suburbio Oeste para la Metrovía, como indica el acuerdo 235 del Registro Oficial 840, publicado el 28 de noviembre del 2012.

Luis Loja, de 82 años, era uno de los pocos moradores que conocían que el Batallón del Suburbio, en la 29 y la J (suroeste de la ciudad), se trasladaría al Fuerte Militar Huancavilca (en la vía a Daule) y con esto terminarían décadas de vivencias con los uniformados, ya que él tiene una peluquería justo frente al destacamento.

Loja cuenta que en 37 años que labora en el sector le cortó el cabello a miles de militares, desde conscriptos hasta generales. Sus primeros clientes fueron los reclutas de los últimos meses de la dictadura de Guillermo Rodríguez Lara y los que llegaron con el Triunvirato militar, en la década de los 70.

“Ahí no había ladrones, los hacían trabajar de castigo dos días haciendo bloques de cemento. Salían a hacer batidas todas las noches, traían muchos detenidos”, comenta el octogenario trabajador.

Agrega que en ese periodo un suboficial le advirtió que adquirir un solar en ese sector era una mala inversión, ya que ocurrirían desalojos, pero él se mantuvo ahí con los años y gracias a su oficio mejoró los materiales con los que reconstruyó su vivienda original.

El peluquero indica que el protector dos es el ideal en la máquina cortadora de pelo para un verdadero y reglamentario peinado militar. Aunque no todos los clientes pueden salir satisfechos con el producto, como asegura que ocurrió una vez con un teniente al que le disgustó la ‘altura’ a la que quedó su reducida cabellera, incidente que no pasó a mayores después de un agitada discusión.

El peluquero todavía es muy frecuentado por uniformados y exmilitares de toda la ciudad que requieren sus servicios.

Su vecina Sandra Villa narra que cuando era una niña y se empezó a edificar el Batallón del Suburbio las instalaciones eran de madera y cañas y estaban rodeadas por el estero, por lo que los moradores acostumbraban pescar y atrapar cangrejos. Recuerda la solidaridad de los militares en esos años, ya que obsequiaban a su familia frutas, kérex y agua del pozo cuando no había por tuberías.

Villa refiere que una vez tuvo un novio militar, pero que lo dejó al ver que era mujeriego. Sin embargo, conoce de cerca una historia de amor surgida en torno al batallón, ya que su madre, Francisca Torres, conoció hace 20 años a su actual pareja Alfredo Dillon, cuando lavaba los uniformes de los soldados para subsistir.

Ella asegura que los aniversarios del Batallón eran muy populares en el barrio, ya que se invitaba al vecindario a comer, bailar y ver fuegos artificiales. La mujer lamenta que desaparezca la base del lugar, ya que el barrio es un sector considerado como peligroso.

Su hija Mariuxi Burbano (28 años) rememora su infancia con las interminables filas de niños que acudían a la entrega de juguetes en Navidad, desde muchos barrios marginales.

En su adolescencia realizó la instrucción premilitar ahí, en el 2001. Entonces conoció de cerca la vida castrense, sobre todo, las rutinas de ejercicios que podría tener un recluta o las mingas de limpieza programadas en las calles o el cementerio Ángel María Canals.

Mientras que la rectora del colegio técnico Febres Cordero, Julia Robinson, afirma que la relación entre el campamento militar y la institución ha sido intermitente, sin embargo, les prestaron su auditorio en dos ocasiones para sesiones solemnes, un baile de gala y para un curso de reservistas. Además, acudieron al aniversario 25 del plantel con su banda musical, en julio del año pasado.

Adicionalmente, los soldados colaboraron por años en los ensayos del juramento a la bandera, al fomentar la disciplina con que se obtendría una correcta ejecución del acto cívico.

En los primeros años el lugar llevó el nombre Batallón del Suburbio, después estuvo la Compañía de Ingenieros Nº 5 del Guayas, que hace 5 años se trasladó a Santo Domingo; en esa época llegó la Policía Militar, que se mantuvo hasta ahora.

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