Jueves 28 de febrero del 2013 Viva Alborada

Discapacitados necesitan rampas

Wellington Arias ayuda a empujar la silla de ruedas de Ercilia Granizo.

Wellington Arias ayuda a empujar la silla de ruedas de Ercilia Granizo.

Con dificultad deben movilizarse a diario las personas con discapacidad física que se dirigen a cualquier parte de la ciudad a realizar algún trámite.

Este problema lo sufren aquellas personas que padecen de discapacidad motriz, en especial quienes utilizan las sillas de ruedas para movilizarse.

“No podemos transitar por las calles porque en las calles no existen las rampas para discapacitados que andamos en sillas de ruedas, y si las hay, están mal hechas”, expresa María Ercilia Granizo Tapia, de 58 años y expresidenta de la Asociación de Discapacitados del Guayas (2009-2011).

Desde hace 25 años ella padece del síndrome de Guillain-Barré, que es un trastorno neurológico en el que el sistema inmunitario del cuerpo ataca a una parte del sistema nervioso periférico ocasionando progresivamente la paralización de algunos músculos del cuerpo.

Ercilia vive en la Atarazana y para movilizarse sus ayudantes, familiares o vecinos, deben bajarla a la calle, bajo el riesgo de que algún vehículo la atropelle.

“Mi acompañante debe ser alguien fortachón para que tenga la fuerza para ayudarme”, expresa.

A diario gasta entre $ 5 y $ 6 de taxi para trasladarse a su trabajo, en Venezuela y Lizardo García, en el Centro de Salud Nº. 2, y pese a que los discapacitados tienen derecho a pagar el 50% de la tarifa total en transporte público o comercial, como lo estipula el artículo 71 de la Ley Orgánica de Discapacidades, Ercilia paga la tarifa completa, “porque estoy consciente de que el taxista está realizando un trabajo extra en levantarme y subirme o bajarme del taxi y en doblar y guardar mi silla de ruedas”, comenta.

Gladys Leiva, de 48 años, tuvo una complicación a nivel de la columna hace más de un año, luego de una operación del hígado, lo que le originó una parálisis en sus piernas que la obliga a movilizarse en silla de ruedas. Cada semana acude con dificultad desde su domicilio, en Pascuales, hasta Serli Norte (Sociedad Ecuatoriana Pro-Rehabilitación de los Lisiados) ubicada en Samanes 7 para realizar terapia física.

“Un vecino me cobra $ 5 por llevarme hasta Serli y traerme a mi casa, mi hija me acompaña, pero sería difícil que ella me ayude sola porque para llegar hasta allá hay una lomita y se le haría pesado (subirla), así que el señor que me lleva me colabora con eso”, cuenta.

Gladys sufre de fuertes dolores en la columna y procura no salir de su casa, pues asegura que no en todas las calles hay rampas de accesos para su silla de ruedas.

“Yo no frecuento muchos lugares porque para las personas con discapacidad aún es dificultoso movilizarnos, salgo cuando voy al médico porque mi vecino me deja al pie del sitio”, relata.

En tanto, Ronald Morán, morador de Sauces 6, padece desde hace 6 años discapacidad en las piernas por una bala perdida que recibió en la columna. Él labora en el Consorcio Transvía en la Terminal Río Daule y hace uso del servicio de traslado para personas con movilidad reducida que brinda la Fundación Metrovía.

“Todos los días a las ocho de la mañana viene a mi casa la furgoneta que me lleva hasta la terminal Río Daule y a las cinco y media me recoge en ese mismo sitio para llevarme a mi casa, es un servicio puntual y muy bueno y no pago ningún centavo”, manifiesta.

Pese a que Ronald de 28 años, utiliza este servicio para movilizarse, considera también que faltan rampas en el sector “para quienes usamos sillas de ruedas, como por ejemplo, en la Alborada y Sauces”, comenta.

“La furgoneta me deja al pie de mi casa donde hay una rampa, pero en otros lugares hay locales donde aún no cumplen estas disposiciones y es complicado salir”, puntualiza Ronald.

Impedimentos

Las personas discapacitadas que frecuentan el sector no tienen las debidas facilidades para movilizarse debido a que las rampas de acceso no están construidas según la norma del Instituto Ecuatoriano de Normalización (INEN) o no existen.

Por ejemplo, en el Banco de Guayaquil de la Alborada, 8ª etapa, no existe ninguna rampa de acceso para personas discapacitadas, solo hay escaleras. Lo mismo ocurre en el Albocentro 1, en la Alborada 4ª etapa. En dicho centro comercial, al pie de la oficina del IESS, tampoco existe un parqueo exclusivo para discapacitados y la rampa para sillas de ruedas está al salir del parqueadero, es decir a 20 metros de la entrada de esta entidad pública.

Según el artículo 58 de la Ley Orgánica de Discapacidades, “los estacionamientos de uso público y privado tendrán espacios exclusivos para vehículos que transporten o sean conducidos por personas con discapacidad físico-motora, ubicados cerca a las entradas de edificaciones o ascensores”.

Gloria Vélez, trabajadora social del Consejo Nacional de Discapacidades (Conadis) del Guayas, explica que “las rampas deben tener medidas específicas según la norma INEN y la construcción de estas las realiza el Municipio de Guayaquil”. Añade que la construcción de las rampas en espacios públicos y privados “se la está haciendo poco a poco porque esta ley recién se la aprobó el año pasado y falta que la gente se familiarice sobre esto”.

La Dirección de Justicia y Vigilancia del Municipio de Guayaquil es la entidad encargada de que se haga cumplir esta disposición y quienes no construyan las rampas o parqueos para discapacitados tendrán una multa que puede ir desde $ 39,75 hasta $ 397,50 según indica el artículo 472 de la Ley Orgánica de Régimen Municipal.

Cifras

74.833

Discapacitados existen en Guayas, según el censo del 2010 de la Misión Manuela Espejo.

37.862

Personas en Guayas tienen discapacidad de tipo físico, indica el Conadis en su sitio web.

Opiniones

“Estamos preparados para la atención y para solucionar problemas, algunas personas no utilizan el servicio (furgonetas) por desconocimiento”.
LEOPOLDO FALQUEZ, gerente Fundación Metrovía

“En mi casa tengo una rampa para poder ingresar, pero aún existen locales que no las poseen para poder movilizarme con facilidad”.
RONALD MORÁN, 28 años, discapacitado

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