Domingo 24 de febrero del 2013 País

El nuevo aeropuerto de Quito, según la mirada de 3 protagonistas

Leonardo Guzmán: ‘Fue mezcla de sentimientos: felicidad, nostalgia, tristeza...’

Está visiblemente cansado y también eufórico. Es la noche del miércoles 20 de febrero y Leonardo Augusto Guzmán Guzmán está entusiasmado por haber sido quien piloteó el avión de Tame que realizó el último vuelo del antiguo aeropuerto Mariscal Sucre y el primero de la flamante terminal en Tababela.

“Fue muy emocionante, muy emotivo. Un acto realmente trascendental en la vida de un piloto, pues difícilmente una persona tiene la oportunidad de cerrar y abrir un aeropuerto”, expresa.

La noche del martes 19, Guzmán, de 64 años y nacido en Zaruma (El Oro), dirigió el A-319 de Tame, que recibió un homenaje con un arco de agua antes del despegue. Su operación dio paso a que minutos después se apagaran las luces del viejo aeródromo enclavado en medio de una zona densamente poblada y donde ahora empieza la obra de un parque metropolitano.

A un año de su jubilación, Guzmán se alistó muy temprano para su jornada laboral. Vistió su habitual uniforme negro, y aunque todo parecía rutinario sabía que no era un día más de sus 42 años de vida volando en el Mariscal Sucre. Tampoco pensó en inmortalizarse con esa operación, pero así resultó.

La última noche, cuando miró que los chorros de agua cruzaron el avión, minutos antes del despegue, sintió que su pecho se oprimía. “Fue una mezcla de sentimientos: entre felicidad, nostalgia, tristeza... Después de haber operado por tantos años en este aeropuerto...”, dice, mientras sus brazos cruzados soportan su cuerpo inclinado sobre un escritorio de la antigua terminal.

“Fue una división de sentimientos. Son los que la aviación nos brinda por dedicarnos a esta profesión”, detalla. Y aunque no era la primera vez que veía el chorro de agua sobre el avión (la primera vez fue en octubre del año pasado cuando se entregó la certificación del aeropuerto en Tababela), no pudo evitar la nostalgia que solo el recuerdo deja.

El viejo Mariscal Sucre cerró sus puertas luego de 53 años de servicio y aunque para muchos eso representó tranquilidad, para Guzmán fue un conflicto de emociones porque piloteó en esa pista desde 1971, cuando existía la desaparecida compañía aérea Ecuatoriana de Aviación.

Luego sirvió a una empresa carguera y desde hace catorce años ofrece su servicio a Tame. “Estoy casi desde el inicio de este (el viejo) aeropuerto”.

Una vez en Guayaquil, a donde llegó la última noche desde el viejo Mariscal (así lo llama), salió a descansar diez horas antes de regresar al aeropuerto y subirse nuevamente a su nave A-319 para volar a Quito y recibir otra vez, entonces en Tababela, el chorro de agua.

Cuenta como anécdota: “En el regreso, después de pasar la noche en el puerto, uno de los pasajeros –cuyo nombre no recuerdo– había comprado el boleto para el viaje de la noche y el retorno de la mañana. Llegó a la cabina, se presentó. Un señor muy simpático. Se tomó unas fotos en la cabina y se puso a la orden”.

¿Que el aeropuerto (anterior) esté viejo, vetusto? No. El aeropuerto está en muy buenas condiciones, pero “como es lógico hay que pasar a igualarse a la nueva tecnología y a los estándares que tienen los aeropuertos internacionales”, responde.

Desde el miércoles, Quito está a nivel de cualquier aeropuerto del mundo y el piloto lo ratifica de manera sólida.

“Disponemos de la pista más larga en toda Sudamérica, con un extraordinario equipamiento, de técnicos para realizar la operación en una forma segura”, prosigue.

Al referirse a las diferencias entre la vieja y nueva pista, con seguridad, analiza: “Bastante cómodo, se puede sacar más peso, más número de pasajeros, con más facilidades para la operación aérea, más larga, lo que facilita las cosas”.

Guzmán relata que en Ecuador la pista de Cuenca es la de mayor cuidado para un piloto, porque mide solo 1.900 metros, versus los 4.100 de Tababela. Eso ahora permite mayor performance, es decir, sacar mayor peso.

Dice que el clima en el valle de Tababela es más benigno. No obstante, no desaparece el riesgo de un cierre o una suspensión de vuelos por mal tiempo, porque también existe neblina en la zona, sobre todo, en la madrugada y primeras horas de la mañana.

No está rodeado de construcciones y eso despeja el área. Y Guzmán insiste en las bondades: “Sí, el aeropuerto está muy bonito. Tiene unas áreas verdes muy buenas, el rodaje cumple con todas las especificaciones tecnológicas y con los requerimientos que la aviación pide”.

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