Reducción de la riqueza

El presidente de Francia, Francois Hollande, prometió durante su campaña incrementar la tasa del impuesto sobre la renta marginal al 75% para quienes generan un millón de euros al año. Mientras que el presidente estadounidense, Barack Obama, ha definido como personas de “altos ingresos” a quienes generan 250.000 dólares al año, por lo que deberían ser gravadas con una tasa mayor (39,6 %).

Aunque claramente estas medidas no son más que efectivas estrategias políticas que forman parte del sonado discurso de distribución de la riqueza, en el aspecto económico tienen un efecto contraproducente. Siendo el propósito la igualdad de ingresos entre la población, es poco lo que esta medida puede hacer para combatir la pobreza.

El profesor Gary Becker, de la Universidad de Chicago, argumenta que la medida de gravar con una tasa más alta a quienes más generan podría reducir ligeramente el esfuerzo en el trabajo. Así, se lograría que los ingresos fiscales se incrementen también ligeramente dado que los “ricos” no son mayoría. Ese pequeño aumento difícilmente conseguiría que el gobierno cierre el déficit presupuestario, por ejemplo. Por lo tanto, los ingresos adicionales no estarían disponibles para redistribuir a las familias de menos ingresos y con ello reducir la desigualdad.

Además, los gobiernos que tienden a subir impuestos a los “ricos” suelen perder recaudación: el elevado impuesto a la renta podría inducir a que se produzca ya sea menos (como explica Becker) o más probable, a declarar menos ingresos, disminuyendo recaudación y hasta agravando el déficit.

En Estados Unidos, quienes generan 250.000 dólares son por lo general emprendedores que tienen sus negocios y crean empleo. El gobierno —que está buscando salir de una crisis económica— gravaría a estas personas con una tasa de casi 40%, con lo cual pretendería beneficiarse para desarrollar sus proyectos (o cerrar el déficit). El problema es que el costo económico de esta medida es demasiado alto, porque este grupo bien podría bajar el ritmo de inversión y sacar su dinero al extranjero para escapar de altas tasas. Si esta medida busca reducir la pobreza, se estaría consiguiendo lo opuesto y no la fórmula para salir de una crisis.

En el caso de Francia, actualmente, y sin el incremento propuesto en campaña, el capital humano migra a países como Reino Unido, para empezar negocios más prósperos y con impuestos más bajos. Ciertamente, la idea de Hollande de una tasa de impuesto a la renta mayor para los “ricos” hace más probable la reducción de la desigualdad de ingresos, pero también es cierto que ello destruiría los incentivos para la creación de la riqueza y la generación de puestos de trabajo para los franceses. Esto solo lograría una población más igual, pero menos rica.

En Ecuador solemos creer que impuestos altos, restricciones a la salida de capitales y elevados aranceles no solo que son necesarios sino que además resultan imprescindibles para distribuir riqueza. Lamentablemente, estas medidas destruyen los incentivos para crear capital en primera instancia y en lugar de reducir la pobreza, terminan ahuyentando la riqueza.