¿Afiliación política?
Siguiendo las instrucciones del Consejo Nacional Electoral, aunque no me había manifestado como adherente de ningún partido o movimiento político, ni antes ni en el actual proceso de afiliaciones, investigué mi situación e inesperadamente me encontré como si fuera adherente del Movimiento Municipalista.
Aunque se trata de una honorable organización política, por no corresponder a la verdad, decidí presentar las denuncias pertinentes que, para casos como el mío, han sugerido las autoridades electorales.
Esta situación, a más de producirme asombro y preocupación, me ha servido para recordar y razonar por qué no he tenido filiación política alguna.
Proviniendo de una familia católica practicante, que me daba ejemplos de actividades apostólicas, habiéndome educado en el colegio San José La Salle, desde el último año de primaria hasta concluir la secundaria, me integré a la Juventud Estudiantil Católica y luego, en los primeros años de mis estudios en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil, a la Juventud Universitaria Católica, con la guía de monseñor Rogerio Beauger y del entonces seminarista Dr. José Gómez Izquierdo.
Aunque me interesaban y preocupaban los problemas locales y nacionales y ansiaba que se solucionen, decidí no afiliarme al naciente Partido Social Cristiano ni más tarde a la Democracia Cristiana ni a su sucesora la Democracia Popular, al parecer influidos por la Doctrina Social de la Iglesia. Siempre algo me detenía.
Desde los 18 años, por deferencia de mis antiguos maestros del colegio, comencé a enseñar sucesivamente primero Historia Antigua y Geografía Universal, luego Literatura Española, después Lógica y los últimos años Religión, hasta jubilarme, luego de 40 años de servicios.
Casado, nos integramos con Alicia al Movimiento Familiar Cristiano y luego de un tiempo de militancia, además de asignarnos la guía de equipos de formación, a poco de terminar el Concilio Vaticano II, nos encargaron que, con otras parejas, nos dedicáramos al novel apostolado de la preparación de los novios para recibir el sacramento del matrimonio.
¿Si hubiera combinado esas actividades con la militancia política, habría tenido la misma credibilidad?
Me sirvió mucho, para mantener mi decisión de permanecer independiente de agrupaciones políticas, la lectura del párrafo 810 del Documento de Puebla, expedido el 23 de marzo de 1979 por Juan Pablo II:
"Las formas organizadas de apostolado laico deben dar a sus miembros ayuda, aliento e iluminación para su compromiso político. Se reconocen, sin embargo, dificultades a nivel de dirigentes cuando pertenecen a movimientos apostólicos y simultáneamente militan en partidos políticos; dificultades que deberán resolverse con prudencia pastoral teniendo en cuenta el criterio de evitar comprometer su movimiento apostólico con un partido determinado".
Desde entonces estuve más seguro que no debía tener filiación política, por mi vocación al apostolado religioso.
Por todo esto, públicamente, solicito a la persona que me incorporó como adherente del Movimiento Municipalista que me excluya, con la misma diligencia y habilidad con las que me incluyó.
¿Será atendida mi petición? ¿Sería tan amable en darme su opinión?
