Orquesta Sinamune demuestra que la discapacidad no es una barrera

Las personas no solo tienen la capacidad de cultivar su intelecto, sino su parte más humana. Son como árboles que van creciendo de a poco. Las gotitas de música de la Orquesta Sinamune (Sistema Nacional de Música para Niños Especiales) hicieron crecer muchas plantas el sábado pasado. En la plataforma del MAAC, cientos de espectadores al aire libre descubriendo recién de qué iba la cita, conocieron a los 32 integrantes de la orquesta, entre músicos y bailarines.

Las melodías del repertorio Ecuatorianísimo tuvieron un realce especial gracias a ellos. Se escucharon Farrista quiteño o La morista, Ángel de luz o Ñuca llacta y el Chulla quiteño. Bajo la dirección del maestro Édgar Palacios en la trompeta, aquellos hombres y mujeres demostraron que eran especiales, no por sus discapacidades, sino por todo ese esfuerzo que les ha conllevado tocar los instrumentos, cantar y cautivar, como lo hicieron esa noche.

No guardaban los formalismos ni la seriedad que se aprecian en las grandes presentaciones. Si querían reír, lo hacían; si algo salía no tan bien, su buen ánimo se mantenía. En el último apartado del recital, justamente sucedió algo fuera de lo planificado: en su interpretación de Romance criollo de la niña guayaquileña falló el sonido, pero eso no impidió que los músicos de la Sinamune continuaran, despreocupadamente. Esto les mereció el aplauso y los vítores de los asistentes, quienes se animaron luego a comprar las producciones discográficas de la Sinamune, disponibles esa noche. Eran recopilaciones audiovisuales de las presentaciones de la orquesta que también ha actuado fuera del país, incluso para el papa Juan Pablo II.

Su técnica no era perfecta, pero eran disciplinados y coordinados. Algunos, cuando ya estaban cerca del final de una melodía, miraban a su maestro llenos de felicidad, con una clara admiración en los ojos.

En la velada no solo ellos fueron protagonistas. También apareció en escena la soprano Astrid Achi, quien acompañada del pianista Panchito Godoy interpretó El aguacate, Júrame y otras melodías que mantuvieron expectante a la audiencia. También estuvo el violinista Jorge Saade y el guitarrista ecuatoriano radicado en Alemania Julio Almeida.

Caty Vinueza, una de las fundadoras de la agrupación, es no vidente de nacimiento. Llegó al mundo de forma prematura y sus ojos nunca llegaron a desarrollarse. Licenciada en Educación Inicial, afirma que se prepara y trabaja duro porque quiere retribuirle a la vida una parte de lo mucho que a ella le ha dado.

Al final de la jornada varios de los chicos y chicas de la orquesta se acercaron a los asistentes para invitarlos a bailar luego de haberles brindado una coreografía al ritmo de sanjuanito.

En diciembre ya serán 20 años de la existencia de la Sinamune. A Palacios eso le da más energía y asegura que el trabajo conjunto no solo logra el perfeccionamiento de la sociedad, sino también el desarrollo humano, reafirmar el sentido de la solidaridad.

Los niños y jóvenes salieron triunfantes y luego de la función se tomaron fotos con el río Guayas de fondo. Es uno de los recuerdos que se llevaron de la ciudad, además de la admiración de quienes los vieron haciendo música de una forma milagrosa.

Sinamune

Instrumentos de viento, percusión y teclado son algunos de los que tocan los músicos de la Sinamune, que tiene su sede en Quito.

La agrupación está conformada por niños y jóvenes con capacidades especiales que tienen talento musical.

La Orquesta tiene previsto ofrecer el show Sinamune canta a Quito en diciembre.