Huaoranis protestaron hasta conseguir casas de $ 32.000
TIGÜINO, PASTAZA
.- Una veintena de indígenas huaoranis ayuda a dos técnicos que realizan mediciones en espacios abiertos con una excavadora. Son áreas lodosas que servirán como base para la construcción de viviendas por parte de un contratista del Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi).
La comitiva recorre los lugares donde se levantarán 67 viviendas, 45 en Tigüino y 25 en Bataburo. Serán de dos plantas, con cemento y bloque, tendrán 6x11 metros, y cada una costará 32.000 dólares.
En total, la inversión en las 67 construcciones será de 2,4 millones de dólares. A eso se suma la edificación de dos bloques de aulas escolares tipo Dinse, de dos plantas.
En ambas comunidades huaoranis hay optimismo. Sus habitantes se regocijan porque estas son prácticamente las primeras obras de importancia que recibirán del Estado. Evangelizados desde la década del sesenta del siglo pasado (antes eran no contactados), los huaoranis habían tenido escaso apoyo y solo recibían pequeños aportes de las petroleras, si estas estaban en su territorio.
Pero fue su rebeldía y su lucha las que permitieron esta consecución. En marzo del 2011 y cansados de tantos incumplimientos por parte de la empresa Petrobell, cientos de huaoranis, hombres, mujeres y niños, levantaron sus lanzas, cerraron las vías de ingreso a sus comunidades Tigüino y Bataburo y a las instalaciones petroleras.
Tras casi dos semanas de protestas, lograron el compromiso de atención ya no solo de la Petrobell, sino del Estado, pues según la ley, a partir del año pasado, un porcentaje de las regalías de la actividad petrolera debe invertirse en las comunidades afectadas.
"Protestamos contra Petrobell por incumplimiento de acuerdos firmados como compensación. Pero ahora es el Estado el que canaliza los recursos de las regalías y así logramos el proyecto del plan habitacional del Miduvi, por fondos petroleros canalizados por el organismo Ecuador Estratégico", afirma Roberto Ima, presidente de la comunidad Bataburo, ubicada en la selva, al otro lado del río Tigüino y a 110 km al sur de Coca, capital de Orellana.
El dirigente señala que no es un regalo para la comunidad, sino una compensación por los efectos de la actividad petrolera. Uno de los pozos está a menos de cien metros de donde se encuentra la escuela Tigüino. Cuando se producen derrames, estos van a dar a las aguas del río del mismo nombre, que va al corazón de la reserva del Parque Nacional Yasuní.
Las nuevas casas serán un contraste con las edificaciones tradicionales de los huaoranis, levantadas con palos y cubiertas con hojas de palma. Tigüino y Bataburo, no obstante, son solo 2 de las 38 comunidades huaoranis de las provincias de Napo, Orellana y Pastaza.
Por eso, otros dirigentes reclaman por la falta de atención. Moipa Nihua, presidente de la Organización de la Nacionalidad Huaorani de Orellana, dice que se adelanta un proceso de acercamiento para exigir que el Estado cumpla con la canalización de aportes por las regalías petroleras.
Reclama también por la falta de delimitación del territorio huaorani, compromiso asumido por el Estado. "Tenemos grandes conflictos con las petroleras, madereras, con colonos y por la cacería, porque no se han definido en algunos sectores los límites de nuestro territorio", refiere Nihua.
El directivo pide, además, que se cumplan con los controles de extracción en la reserva.
Los huaoranis
Es una etnia contactada por la década del sesenta. Se estima que son más de 3.000 miembros que viven en 38 comunidades en Pastaza, Napo y Orellana.
Guardianes
Poco a poco van perdiendo sus costumbres ancestrales y se consideran guardianes de la selva del Yasuní.




