A los Juegos Olímpicos
Por Otón Chávez
ochavez@parquedelapaz.com.- Muchos aplausos para los deportistas ecuatorianos que ganaron su derecho a participar en Londres 2012 porque tuvieron que fajarse para conquistar ese primer desafío. Ojalá algunos de ellos traigan unas medallitas, que ya sería una hazaña. Como la que por poco trae Jorge Delgado en Múnich 1972, cuando por décimas de segundos se le escapó la de bronce, llegando en cuarto puesto en la prueba de 200 metros mariposa en natación. Fue notable gesta.
Ni hablar de Jefferson Pérez, siempre recordado y festejado por sus medallas de oro, en Atlanta 1996, y otra de plata, en Beijing 2008.
Los Juegos Olímpicos del 2012, para lograr una participación de más atletas, impuso marcadas bases para que puedan acceder países menos desarrollados, en comparación a los más grandes y poderosos. Y eso viene bien. Veamos.
Los ecuatorianos ahora viajan en mayor cantidad de deportistas y últimamente se incrementan: 17 en Atenas 2004, 25 en Beijing y ahora los 36. Bien, muy bien, y esa gestión se la viene trabajando precisamente después de Beijing 2008 en forma intensa y sostenida, dirigidos por las respectivas federaciones nacionales de cada deporte, en conjunto con el Comité Olímpico Ecuatoriano.
Hay que decir también y destacarlo, el apoyo económico del Estado a través del Ministerio de Deportes y que por allí, palabras más, palabras menos, mantienen bronca contra las federaciones ecuatorianas y el COE. Por ahora, y para que viajen los deportistas, hay una tregua que debería ser eterna en tanto cada cual cumpla por su parte, y que no finalice al terminar los Juegos en Londres sino que sea el comienzo de una paz duradera y verdadera.
La bronca se presentó porque hay dos posturas por interpretar de la Ley Deportiva vigente, que son distintas. La tesis del Ministerio de intervenir en el manejo de las federaciones por deporte, y estas a su vez, que tienen el reconocimiento internacional, se sienten tocadas por la intervención. Se pretende no solamente controlar el dinero, que está en su derecho, sino que interviene también, así me han dicho, en las cuestiones técnicas y deportivas que le competen íntegramente a las federaciones nacionales de cada deporte. Allí está el quid de la cuestión. Ser o no ser, dijo el Hamlet de Shakespeare.
La ley deportiva debe ser respetada pero no interpretada por cada sector enfrentado. ¿Quién tiene la razón? Es que la Ley del Deporte tiene sus fallas y eso hace alejarse de la realidad a cada sector.
En mis comentarios sobre el tema de la ley deportiva, que nació mal desde 1979, he dicho que se corrigieron algunos datos en la ley vigente, pero no son lo suficientemente claros. Ello ha permitido las interpretaciones de cada seguidor. Y parece mentira que uno de los aspectos más urticantes es el rol de participación de los nuevos clubes, que suenan a un parto de los montes.
La existencia de los clubes, de cualquier club, responden a un concepto societario, comunitario, cuando individuos identificados para uno o varios fines se reúnen por sí mismos para unas metas determinadas. Ese club, con sus socios, opera en la mayoría de los casos social y deportivamente entre otros, o mezclados entre sí. Así, hay varios tipos de clubes en la ley y en la práctica en el país.
Pero voy a decir algo relativamente importante. A nivel primario, masivo, funcionan mejor los equipos (con sus dirigentes y deportistas) que sus clubes codificados. ¿Cuántos equipos juegan fútbol en torneos masivos y no son clubes en la práctica comunitaria? Me explico mejor: un club tiene sus estatutos en derecho; los equipos forman directivas prácticas sin estatutos y funcionan.
Pero bueno, la idea de estos comentarios surgió por la participación ecuatoriana en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, que comienzan el próximo viernes. Los 36 deportistas nacionales, con solo poder participar, ya han ganado un prestigio fuera de nuestras fronteras, además de nuestro cariño y admiración. Y que ojalá se traigan alguna medalla con nuestro aliento y que después de estos Juegos también reine la paz en la dirigencia.




