Estampas porteñas
Es Guayaquil, sin duda, la más rica, dinámica y acogedora urbe que ostenta el Ecuador. Magnifica, se yergue en el feraz estuario del Guayas que la arrulla con musical rumor.
Elías Cedeño Jerves, rocafortense.
Los helados de barquillo
El clima tropical de nuestra ciudad ha sido una característica ambiental que ha dado lugar al consumo generalizado de bebidas refrescantes a lo que se ha sumado la producción de helados, que en décadas pasadas era artesanal.
La venta se realizaba por medio de una especie de carretilla de tres ruedas metálicas sobre el que se colocaba un doble cilindro entre los cuales se introducía el hielo seco para mantener la baja temperatura del producto y en el interior se depositaba el helado preparado en varios sabores: leche, coco y naranjilla.
A un costado del doble cilindro se colocaba una pequeña caja que contenía los barquillos, elaborados con harina dándoles forma de cono. Con una cuchareta de metal el heladero llenaba el barquillo con el helado de sabor a gusto del cliente. El costo era de veinte centavos de sucre, pero era factible comprar los de sesenta centavos y los grandes barquillos de un sucre.
Al cliente que optaba por estos últimos, el heladero le regalaba un barquillo de veinte centavos que le servía de cuchara para facilitar el consumo.
Los barquillos eran crocantes y cuyo sabor unido al helado constituían la delicia de las personas; lastimosamente, esta forma de venta de helados casi ha desaparecido, dando lugar a los de las industrias, con otras formas de expendio.
Únicamente en determinadas fiestas locales y en pueblos costeños aún se observan estos típicos vendedores; así, están quedando en el recuerdo estas costumbres propias de nuestra tierra.
Néstor Alejandro Ochoa, ingeniero naval y profesor politécnico




