Estampas porteñas

¡No existe diccionario que tu orilla descríbala mejor, pues eres sueño; hermosa Guayaquil, solo es tu dueño el astro de la gloria, oh, maravilla!
Néstor Campuzano Mendoza, guayaquileño

Los antiguos sepelios
Los sepelios han evolucionado de acuerdo con el adelanto de la ciudad. Los medios de comunicación, el transporte y las costumbres han variado la forma de realizarlos. En el siglo XX, los velatorios se efectuaban forzosamente en el domicilio del difunto, donde también se celebraba la misa.

El ataúd de madera iba a tono con la posición económica del fallecido. Los judíos, por tradición, sepultaban a sus familiares en simples cajones de madera corriente, sin forros, adornos, pintura, esmaltes ni barnices.

Hacia el lado este del Cementerio General, antes llamado Católico, hay un espacio que se conoce como Cementerio de Extranjeros o Cementerio de Protestantes, donde los sepultaban bajo tierra, sin bóvedas, nichos ni mausoleos, solamente con una placa de metal o mármol indicando su identidad.

Este Cementerio de Extranjeros se creó por la prohibición de la Junta de Beneficencia de darle sepultura a los que no eran católicos, que años más tarde fue derogada.

El cortejo fúnebre debía obligadamente recorrer el bulevar 9 de Octubre hasta la calle Lorenzo de Garaycoa hacia el cementerio. Se contrataba a la funeraria de la Junta de Beneficencia, Asisclo Garay, González, Rendón, si el servicio era de primera. En el cementerio se reunían familiares y amigos varones y no asistían mujeres, los que eran captados por fotógrafos ambulantes. Si el difunto era militar o marino, se disparaban salvas cuyo ruido espantaban a los asistentes. Los sepelios de bomberos eran a partir de las siete de la noche, con sus respectivas bandas y antorchas; el ceremonial era muy solemne.

Gonzalo Mariscal Contreras, jurisconsulto y maestro