Lentos procesos en ejecución de obras para evitar inundaciones
CALCETA-CHONE-BABAHOYO-VINCES-SANTA LUCÍA
.- Las huellas de la inundación aún se aprecian en las paredes de las casas de los barrios San Felipe, La Karina, Las Mercedes y otros de Calceta, cabecera cantonal de Bolívar, Manabí. Casi dos semanas, el 90% de esta población de 40 mil habitantes quedó bajo el agua por el desbordamiento del río Carrizal, a fines de marzo pasado.
En la vivienda de la familia Vélez Loor, en el barrio La Karina, la semana pasada aún se limpiaba el lodo reseco del patio y se sacaba de los cajones de una cómoda. A pocos metros, el río Carrizal corría raudo. En las riberas están las huellas de su furia, como el socavamiento de la parte posterior de la unidad educativa Vicente León y de algunas viviendas.
Antonia Laaz Vélez dice que ya es hora de que el gobierno cantonal empiece alguna obra de protección para evitar que una inundación como la de marzo se repita si llegara El Niño, entre fines de este año e inicios del próximo, como estiman organismos meteorológicos. Pide muros de protección.
Pero esa y otras obras aún deben esperar. Según Johnny Mero, vocero municipal, recién esta semana el Cabildo conocerá un informe técnico, el cual deberá analizarse y corregir, buscar presupuesto e iniciar algún proceso de contratación. Mientras, maquinaria municipal hace pequeños trabajos en los cauces subsidiarios del Carrizal, que desciende desde la presa La Esperanza.
Similar situación se presenta en la mayoría de los 16 cantones que quedaron bajo el agua en el invierno pasado en Guayas, Manabí, Los Ríos, El Oro y Esmeraldas. Casi todas estas localidades se inundaron por la crecida de los ríos y por la falta de muros de contención en sitios estratégicos. La Secretaría de Gestión de Riesgos (SNGR) inició la semana pasada una evaluación de obras de remediación y se tomará su tiempo para las de prevención.
En Babahoyo, el sector Nuevo Barreiro quedó cubierto por el agua en el invierno pasado. Ahí, el Municipio y organismos estatales estudian ampliar un muro y rellenar aún más el asentamiento. Mientras, una treintena de familias que deberían evacuar, por estar en una zona de mayor riesgo, se niegan a hacerlo si no se cumple la oferta de entregarles una vivienda en otro sector de la ciudad.
"Nosotros saldremos cuando veamos que estén el solar y la casa; si no, nos hemos de quedar en la calle", indica Víctor de Luca. En este sector, el tema de la reubicación se lo asume incluso como político, pues quienes deben salir dicen ser posesionarios desde hace diez años y defienden la labor del exalcalde Jhonny Terán (PSC).
Uno de ellos refiere que la alcaldesa actual, Karla Chávez (PAIS), pretende sacarlos del lugar para poner a gente de su tendencia, algo que lo niega la vicepresidenta de la junta parroquial de Barreiro, Yolanda Vera, quien motiva la salida.
Donde sí se están desarrollando proyectos es en Chone (Manabí), ciudad que se inundó casi diez veces en el invierno pasado. Por pedido del Municipio, la SNGR contrató a la compañía Infropon, por $ 2,5 millones, para la limpieza del canal antiguo, denominado JP, en el sur de la ciudad y construido en el gobierno de Gustavo Noboa, hace una década.
Una decena de retroexcavadoras trabaja desde hace 15 días, según Ulises Íñiguez, superintendente de la obra. "Este es un canal que ayudará a transportar agua de los ríos Mosquito y Grande. Desde El Bejuco, el río se separa en dos partes, en su cauce natural y uno artificial para dividir el volumen de agua y así evitar que se desborde", agregó Íñiguez. El plazo de la obra es de siete meses.
Asimismo, la SNGR hasta el momento ha construido seis estaciones de bombeo a un costo de $ 350.000; falta el alcantarillado pluvial, que en los próximos días lo contratarán por unos $ 800.000.
Mientras, 80 familias de la ciudadela Tres Marías, en la vía a Canuto, piden ser reubicadas en forma urgente, por deslizamientos que ponen en riesgo sus viviendas. Este asentamiento colinda con la Jorge Gallardo, de donde fueron evacuadas al menos cien familias a dos albergues de Chone, pero un número no determinado emigró del sector a otras partes del país al no encontrar otra alternativa. En la actualidad esta ciudadela luce desolada.




