Estampas porteñas: ¡Maní salado, maní saladito!

Germán Arteta Vargas
.- Como una actividad comercial 'patentada' por ellos, pues casi todos los vendedores del producto son de raza negra, la venta del llamado maní salado se arraigó desde hace décadas en nuestra ciudad y es una cotidianidad.

A más de las calles céntricas de la ciudad, que recorren cada día mientras llevan en su brazo u hombro la pequeña charola con frascos repletos de maní tostado y aderezado con sal, el ají acompañante, las tajadas de limón y la mortadela criolla cortada en cuadritos, los expendedores prefieren discotecas, barras, bares y salones de bebida, pues las personas que allí consumen licor tienen la costumbre de 'picar' tales productos para amortiguar los efectos del alcohol.

Mientras pronuncian la clásica frase: ¡Maní salado, maní saladito! y con una moneda hacen sonar la charola, los vendedores se movilizan por diversos puntos del lugar visitado y ofrecen el preparado a los parroquianos que de inmediato hacen el pedido y cancelan el valor.

Como los tiempos cambian, quienes venden maní salado y mortadela en trocitos igualmente lo hicieron con lo suyo.

Antes cobraban en monedas de sucre y ahora lo hacen en dólares; y si solían entregar la compra en pequeños pedazos de papel de despacho, ahora lo hacen en vasos de plástico blanco de dos tamaños para diferenciar el costo de $ 0,50 y un dólar.

Esta es, pues, otra de las estampas que se tornan más notorias en las tardes y noches de cualquier mes del año, cuando los amigos y compañeros viven la intensidad de la sana bohemia que se disfruta en el Puerto Principal.

Ciudad excelsa. De inmensos manantiales y de cerros que se  empinaron extasiados a contemplar en las noches estivales las heroicas etapas del
pasado.

Judith Suárez de Tompkins, guayaquileña.