La realidad y el lenguaje
Generalmente cuando se cuestiona para qué sirve el lenguaje, la respuesta más común es: sirve para comunicarmos. Sin embargo, creo que sería mucho más apropiado si su definición fuera: sirve para nombrar la realidad.
Algunos estudiosos del tema opinan que aquello que no se nombra, sencillamente, no existe... aunque exista. Es probable que dicha aseveración suene exagerada, pero es un hecho fácil de comprobar. Veamos un ejemplo:
El neologismo feminicidio o femicidio surge porque -dolorosamente- los casos de repetidos asesinatos evitables de mujeres por razones de género, son cada día más.
Se sabe que en la década de los noventa hubo un incremento en el número de asesinatos de mujeres; las tasas más altas se registraron en Honduras y en El Salvador. En Guatemala, año 2010, 838 mujeres fueron asesinadas y otras 4 mil más presentaron su denuncia por violación. Una realidad similar se da en Ciudad Juárez y Chihuahua en México, República Dominicana, Perú... por mencionar los casos más recientes y sonados. La situación fue y es tan grave que, en su momento, saltó la necesidad urgente de darle un nombre a ese hecho para que la justicia local investigara los crímenes, no como sucesos aislados, sino como una ola de violencia específica y concreta en contra de las mujeres.
En el año 2004, según datos proporcionados por la ONU, "en Guatemala los asesinatos de mujeres aumentaron un 141% frente a un 68% de hombres; en El Salvador, en 2006, un 111% frente a un 40%; y en Honduras, en 2007, los casos subieron un 166% ante un 40% en relación al de los hombres". Según algunos sociólogos, esta situación inaudita ha crecido tanto porque, por un lado, se considera que sus raíces son "de índole cultural" y por otro, la impunidad los alienta.
Antes, es seguro que tan execrables acontecimientos también existieron, pero mientras el poder de la palabra no los nombró, semejante barbaridad crecía en el anonimato o en el desconocimiento de la mayoría de personas alrededor del mundo. Ahora, una vez denominado, señalado por la palabra se da paso a la definición y conceptualización del térmimo. Entonces, empiezan las sociedades a discutir el castigo para quienes lo cometen. Solo entonces, surgen escenarios sorprendentes, insospechados, como la sentencia dada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el 2001, cuando determinó que un país sí puede ser responsable del delito de feminicidio, un país sí puede ser considerado culpable por violentar el derecho a la vida, la integridad y la libertad; el asunto es tan serio, que un país, inclusive, puede ser culpable por no manifestar interés para investigar adecuadamente esas muertes.
Sí. El lenguaje visibiliza situaciones y, como en este caso, posibilita que la justicia renazca. Es importante estar atentos para que el Ecuador no engrose la lista de los países en donde el feminicidio encuentre espacio para germinar.
