Los pros y los contras
Usted, lector, sabe que los alimentos y las medicinas pueden significar beneficios para la salud, pero también tienen contraindicaciones, por lo que lo importante será tomarlos en las condiciones que hagan bien a las personas, evitando o atenuando los riesgos o el abuso por excesos, esto último, sobre todo, en el caso de alimentos.
Comer o medicarse a "la loca", lleva a patologías por afectación a la salud.
Similar cosa debe considerarse respecto a decisiones de gobierno, en lo económico, lo social y lo político.
Por eso preocupa que en repetidas circunstancias el gobierno de Correa toma decisiones en que es evidente que se actúa por reacción, quizás hasta por angustia, pero también por campaña política, y a veces por simple ocurrencia y por informaciones parciales o sesgadas.
En las líneas siguientes, tocaré decisiones recientes en materia económica.
Los cupos de importación y la elevación de aranceles
De acuerdo con el gobernante debe haber una política de divisas por el riesgo de que el persistente déficit de la balanza de pagos, de no haber incrementos de endeudamiento externo, que a su vez solo trasladan el problema -y además lo agudizan- a años siguientes, lleve a un colapso a la dolarización.
En esa línea de preocupación, hay el tufo de que algunos dentro del gobierno creen en esa posibilidad, lo que se manifiesta en la contratación petrolera, caso Ivanhoe, la estructura de mayor volumen de petróleo del Ecuador, en que el Estado asume el riesgo monetario y cambiario. ¿Por qué lo asume?, ¿hay el riesgo?, ¿o solo se trata de una sobreprotección al membrete Ivanhoe, en el contrato emblema de la ilegalidad e ilicitud en la contratación petrolera?
Lo de las importaciones es un segmento entre otros problemas en la balanza de pagos. Entre estos:
Una balanza de servicios siempre negativa.
Un endeudamiento externo -que no lo contabilizan como tal y por tanto pretenden encubrirlo- a costos por encima de los vigentes en el mercado financiero, liquidable con entregas de petróleo, argumentando que se trata de venta anticipada de petróleo.
Los contratos con empresas extranjeras para obras que empresarios nacionales pueden hacerlas sin que signifique salida de divisas del Ecuador; un ejemplo, la contratación con la empresa coreana Daewoo, para movimientos de tierra en el parque Samanes de Guayaquil, a pretexto de que aceptan bonos, pero eso es endeudamiento externo.
Y tratándose de bienes susceptibles de introducirse por contrabando, este va a multiplicarse por las prohibiciones y por la sobreelevación de aranceles.
En el caso de licores y cosméticos, el Gobierno podrá decir: "que no se compren".
En lo personal, usualmente evito tomar bebidas alcohólicas, pero a más del contrabando, muchos acudirán a licores de mayor riesgo de intoxicación y afectación a la salud, y en lo de los cosméticos, a menor calidad, habrá mayor riesgo de que en la fabricación de cosméticos de menor precio se hayan empleado componentes que afecten a la piel.
Las tarjetas de crédito
En esta materia, algunas cosas buenas ha instruido el Gobierno. Hay una sensible disminución de costos y exigencia de transparencia en los estados de cuenta para su pago.
El presidente Correa ha declarado su angustia por un sobreendeudamiento que él señala que se percibe.
No se han precisado las fuentes de esa percepción, pero lo que es cierto es que muchas personas de ingresos medios para el gasto que debería ser corriente -la compra de alimentos de la semana es el caso- difiere en meses el pago del saldo en la tarjeta de crédito, con lo cual se va haciendo una acumulación de deuda cada vez más difícil de amortizar. ¿Será porque los ingresos no les permiten soportar los gastos para una elemental calidad de vida? ¿O será que se están acostumbrado a usar y consumir más de lo que puedan adquirir?
Al cierre de la semana anterior se anunció una medida radical: la prohibición de tarjetas de crédito emitidas por establecimientos de comercio, argumentando como fundamento que solo las entidades financieras y emisoras autorizadas para ese negocio financiero están legalmente autorizadas para emitir tarjetas de crédito.
Ahí hay una confusión conceptual: una cosa es el crédito financiero, que se vincula con desembolsos de dinero o con asumir el financiamiento de una obligación o pago; y, otra cosa, es el crédito comercial por venta de bienes.
Toda persona que vende bienes -no solo las que hacen comercio- puede vender a crédito, para cobrar en tiempo y condiciones futuras.
La autoridad lo que debe hacer es impedir que en las cuotas se encubran abusos como los sobreprecios usurarios -terrible en eso, son los planes de cuotas mensuales por bienes que se publicitan pagables en dos años, pero que significan multiplicar por dos o por más veces el precio de los bienes-.
Que el crédito se instrumente en letras o en pagarés, o en contratos de venta con reserva de dominio, o que sea por cuotas mensuales debidamente calculadas, o por mínimos mensuales en saldos de especies de cuenta corriente mercantil, siempre que no encubran sobreprecios, no viola ley alguna, sino que viabilizan el comercio, sin los costos financieros adicionales del crédito bancario.
A los 17 años de edad, en el año 1960, con las comisiones de venta de libros y cuadros que realizaba desde que era estudiante vicentino, pude comprar a crédito, para el hogar de mis padres y el nuestro, los hermanos Roldós Aguilera, la primera cocina a gas -antes usábamos una cocina a gasolina- y una refrigeradora no usada, por eso sé la angustia del que quiere crédito comercial, sin verse obligado a demandar crédito bancario.
Invoco al gobernante que asuma los controles del caso, pero no imponga el cierre del crédito por la vía de la tarjeta de crédito comercial, ni a este se lo confunda con el crédito financiero.
