El diamante de béisbol Héctor Mendoza

Por Frank Maridueña (frankjosem@hotmail.com)
.- Una de las más nobles virtudes del ser humano es la gratitud, que en su más sencillo significado, es el ejercicio del corazón. Hay desempeños dentro de la dirigencia deportiva que merecen destacarse, relievarse y recordarse porque son ejemplos a seguir.

Para evitar que el paso del tiempo produzca el terrible olvido nos parece muy oportuno rescatar del baúl de los recuerdos del béisbol la acción ejercida por Héctor Mendoza Malnati, quien junto a otros visionarios se propusieron en primer lugar rescatar del olvido un club guayaquileño tan tradicional e histórico como fue Oriente.

Como en la mayoría de los casos, guiado por el interés de la práctica deportiva de su hijo Juan Antonio, llegó a empujar el carro como padre, rol que les permitió cubrir toda una generación que consiguió una hegemonía en la década de los 80, al llegar e interrumpir las supremacía de otros clubes tradicionales en la Liga Miraflores.

El punto culminante fue en la temporada de 1985, cuando lograron estructurar una gran novena que llegó a disputar una de las finales más dramáticas frente a Chavos, en la categoría potrillos. En el último episodio los orientales que no habían perdido ningún juego durante toda la temporada estaban abajo en el tablero 6-5.

Fue el instante en el que los pequeños peloteros de la división 11-12 años sacaron a relucir las características más notables de los orientales: garra, casta y extirpe. Un triple de Cristian Ponce, que se había ponchado las dos veces anteriores, empujó recién la carrera del empate a 6. El siguiente bateador en turno fue para Jesse Petersen.

Su padre, que había sido lanzador en la primera división del béisbol porteño, le acercó un consejo: "este es el partido de tu vida". El envío llegó a la zona a del plato y Petersen disparó un hit de oro para producir la carrera de la victoria 7-6. Los gritos de júbilo aún retumban en los corredores y gradas del diamante número 2 del complejo miraflorino.

Este trabuco pelotero entrenado por Hans Franco (también arquero de Nueve de Octubre, en la serie A) jugaba regularmente con Iván Juez como lanzador, Cristian Ponce en la receptoría, Juan Antonio Mendoza en la inicial, Roberto Ponce en la segunda base, Walter Párraga en la tercera, Julio Macías en el campo corto. Los jardines los patrullaban James Barret, Carlos Zavala, Paúl Guerrero con quien también alternaba en varias posiciones Omar Burgos.

Este conjunto ganó de manera continuada los títulos de campeones de las temporadas 1985, 1986, 1987 y 1988 en una dinastía histórica de Oriente que llegaron a dominar el ambiente. Todo esto detrás de un grupo de padres y dirigentes entre los que destacaron Héctor Mendoza, Carlos Zavala, Gustavo Zúñiga y otros.

Cuando Mendoza fue llamado a colaborar con organismos provinciales y nacionales, siempre fue para adelante. Cuando había que reparar, construir o hacer algo de logística no andaba con reparos. Mendoza también fue solicitado como coordinador técnico en torneos internacionales.

El Municipio de Guayaquil financió y construyó algunos diamantes con césped sintético en el complejo de la Liga Miraflores, que ya se inauguraron en meses pasados y se entregó condecoración municipal a Vicente Maldonado Vera. En las canchas de la Kennedy se inaugurará ese tipo de superficie el próximo sábado 21 de julio y se le impondrá el nombre de Héctor Mendoza.

Primero, desde las 10:00, habrá un partido entre dos equipos conformado por preseleccionados de mayores que se preparan para el Sudamericano que se jugará en Chile. Posteriormente, directivos de Oriente entregarán los trofeos ganados en aquellas temporadas históricas para el Museo del Béisbol, como testimonio de una década de triunfos y de éxitos. Finalmente, Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil, hará la entrega formal y la imposición del nombre de Héctor Mendoza al nuevo diamante de césped sintético de la Kennedy, en un acto de mucha justicia.