Glorias navales 2012
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.- Hoy se realiza la carrera pedestre Glorias Navales 2012, que organiza la Armada Nacional del Ecuador como un homenaje a la Fundación de nuestra ciudad y por conmemorarse también, el próximo 25 de julio, el aniversario del Combate Naval de Jambelí, un día que el Gobierno nacional en su tiempo lo declaró Clásico en nuestra marina.
Hablar de las festividades por el cumpleaños de nuestra ciudad se siente en la carne y en el espíritu de sus habitantes, pero en el día Clásico de la Armada es bueno recordar ciertos hechos del porqué se lo declaró así y se festeja.
En julio de 1941 Ecuador sufrió la invasión peruana que terminó a principios de 1942 con el nefasto protocolo de Río de Janeiro, que se nos impuso a la brava con nuevas líneas fronterizas del Oriente patrio.
Lo que describiré a continuación lo viví en carne propia en ese mes de 1941, cuando estando en Machala vi desde el entrepiso de la casa de mis abuelos maternos el bombardeo de tres aviones cazas sureños a la ciudad, el 24 de julio, y el combate aeronaval, con el Aviso Atahualpa, comandado por Víctor Naranjo Fiallos, que derribó un avión enemigo que se decía, cayó en el estero de Huailá, al pie de Puerto Bolívar.
Al día siguiente, 25 de julio, se produce el enfrentamiento de nuestro buque Abdón Calderón, que al mando de Rafael Morán Valverde, en su ruta hacia Guayaquil tuvo que enfrentarse con el destructor peruano Almirante Villar, al que perforó en su base inferior y lo obligó a retirarse derrotado y remolcado hacia el sur.
Siendo yo un pequeño de 7 años, que como dije estaba en Machala, fui refugiado de guerra y bajo los fuertes lodazales entre los huertos de café y cacao caminamos como refugiados desde la capital orense pasando por El Guabo para llegar a Tenguel. Ahí vino a buscarnos la lancha Angélica, de la familia González-Rubio, para traernos hasta Guayaquil donde nos esperaba mi familia paterna.
Después de aquella odisea y del Protocolo, mi padre Rodrigo Chávez González nos llevó a sus hijos a visitar el buque héroe Calderón y nos mostraba aún las huellas de la metralla que en algún momento pudo haber caído en el barco ecuatoriano. En ese momento mi viejo, como columnista de este Diario, inició la campaña para levantar la moral y la verdad de nuestros marinos y militares que en desventaja numérica defendieron la heredad patria.
Entre los homenajes de aquella época la guayaquileña Chanena Jiménez Díaz-Granados fue la primera madrina de la Marina Nacional. Algunos años después mi padre también fue nombrado oficial asimilado en la Armada dando clases de historias nacionales en Guayaquil y fue el que más luchó para el reconocimiento de José Rodríguez Labandera, que se lo sabe ahora como uno de los precursores del invento del submarino, porque metido en un barril grande, parecido a los de la cerveza, con un periscopio adaptado cruzó debajo del Guayas hasta la actual isla Santay.
También, entre los recuerdos de aquella trágica odisea de 1941, mi madre, Aída Pazmiño de Chávez González, era secretaria de la Cruz Roja y estuvo entre las que recibieron con aplausos al Abdón Calderón cuando tras el combate llegó a Puerto Bolívar para felicidad histórica de nuestra marina.
Nosotros, los monos, los guayaquileños y costeños, tenemos una afinidad geográfica inevitable con los ríos y los mares. Siempre hemos sentido un afecto especial por lo que significan los marinos y por extensión aquellos soldados que siempre nos han ayudado a difundir la heredad nacional.
Ojalá que este recuerdo de la carrera que por tercer año consecutivo realiza la Armada Nacional en Guayaquil, sea siempre una referencia de unión del deporte no solamente en atletismo, sino también que se proyecte, como ya lo está haciendo en el fútbol, como lo hizo en el béisbol y softbol.
A festejar el aniversario heroico. Espero haberlos reconfortado con el recuerdo de lo glorioso que ha sido y que siendo niño lo viví muy cerca.




