El cebiche se vendía en balde
Germán Arteta Vargas
.- Para asegurar el sustento diario de su prole, los jefes de familias guayaquileñas de escasos recursos económicos emprendieron desde mucho antes de la segunda mitad del siglo pasado, una serie de negocios vinculados con la gastronomía popular.
Así surgió la venta de maduros asados, tortillas y chiricanos, humitas, bollos, higos con queso, conserva de pechiche, limonada, etcétera, que se hacían en puestos fijos o de manera ambulante.
El tradicional cebiche de camarón y/o pescado no fue la excepción para los visionarios comerciantes, que para poder trasladarse de un barrio o otro optaron por utilizar dos baldes, uno para la preparación y otro para el agua con que 'lavaban' los platillos y cucharas de los consumidores.
A pesar de algún cuidado que debieron dar los comerciantes a su tarea culinaria, el desafío a las reglas sanitarias y enfermedades parasitarias se mantenía abiertamente. Mas, el público consumidor olvidaba las recomendaciones y eso multiplicaba a los vendedores.
Las esquinas de los barrios, las puertas de cines populares, entradas de los estadios e incluso las cercanías de escuelas y colegios permitían observar a los vendedores despachando sus cebiches y la rapidez con que 'lavaban' cucharitas y platillos; asimismo, a los consumidores de pie y en cuclillas que saboreaban uno y otro plato tras pagar unos pocos centavos de sucre.
En la actualidad quedan pocos seguidores de este tipo de comercio, pues prevalecen los quioscos y locales que venden los apetecidos encebollados de albacora.
Altos cielos los cielos de tu cuna, cristalina verdad la de tu canto, ciudad de la colina y los manglares: En ti la luz y la bondad son una, porque te haces amar sin desencanto...
Ignacio Carvallo Castillo, guayaquileño.




