Las damas de Solca y su tarea de ayudar y atender a niños

“Mami, tienes que ser fuerte, debes estar bien para cuidar a mis hermanos. Yo tengo un ejército de ángeles que me cuidan”. Esta frase marcó la vida de Ivón Calderón, voluntaria de las Damas de Solca, quien estuvo presente en el momento en que un niño, en sus últimos días de vida, se lo dijo a su madre para consolarla.

“Los niños te enseñan a ser valientes. Tú piensas que vienes a darles ánimo y fortaleza para que luchen por su vida, pero son ellos los que te transmiten su valentía. Es una lección de vida estar aquí”, dijo Calderón, quien ingresó al voluntariado hace 16 años con la idea de ‘ayudar con amor’.

Pediatría es el área que Calderón escogió para brindar su apoyo no solo a los niños sino también a los familiares. Afirmó que además de jugar y conversar con los niños, a los padres se los escucha y se les da apoyo emocional.

Una de las experiencias más gratificantes en su voluntariado es haber cumplido el sueño de Freddy, de 10 años, quien padece de cáncer en los huesos. “Él no conocía el mar, su sueño era ir a la playa con su familia y nosotros se lo cumplimos. Fue increíble verlo feliz. Se sacó la prótesis de la pierna y se sentó en la orilla del mar. Son situaciones que te llenan de satisfacción”, dijo Calderón.

Este tipo de viajes, que solo pueden durar un día por las condiciones críticas de los pacientes, se realizan cuatro veces al año. El último se lo hizo a Quito, en marzo pasado. Acudieron unos quince niños.

Añadió que han organizado casamientos, bautizos y primera comunión y hasta reconciliaciones entre parejas, dijo bromeando.

Al ingresar a una de las salas, saludó y abrazó a Tito Loor, de 16 años. Al menor le dio clases para la primera comunión. Él es uno de los pacientes que reciben, además, ayuda escolar para hacer sus deberes

Para ello utiliza una de las doce computadoras portátiles que la organización compró para este fin.

María del Carmen Yépez, presidenta del comité, expresa que esta labor es gratificante. “El paciente necesita mucha ayuda. Uno está al pie de los pacientes, los visita, conversa con ellos, les transmite confianza y seguridad porque los tratamientos son fuertes y dolorosos. Somos el nexo entre el médico con el paciente y el familiar”, señaló.

Una de las primeras funciones que deben cumplir las voluntarias es repartir agua aromática en el hospital para que se adapten a este ambiente. Mientras realiza esta actividad, después de un tiempo, debe escoger en qué área quisiera trabajar, con niños o adultos, hacer labores de oficina o atender el bazar, que genera una de las fuentes de ingreso de las Damas. Así como el bar y la peluquería, donde se dan cortes gratuitos a los pacientes.

Las donaciones permanentes y la campaña Lazos, que impulsa la cadena El Rosado, sustentan la mayor parte del presupuesto que tienen. Los gastos bordean los $ 1.200 diarios. Aunque es un valor flexible, este tipo de contribuciones para costear algún tratamiento, operación o consulta se da una vez que el área de Servicio Social de Solca los deriva al comité.

“Aquí siempre se ayuda, no podemos decir que no. Pero tratamos que el familiar aporte con lo que pueda... Solca es parte de mí, es mi vida”, expresó.

Una de las más antiguas voluntarias es Carmen Úraga, conocida como Chichi, quien tiene más de 40 años en Solca. En los primeros años de su labor cosía sábanas. Ahora se encarga de darle apoyo espiritual a los pacientes adultos. “Les rezo, les leo la Biblia, pero también los hago reír, aunque no soy chistosa”, confesó.

Ella ingresó al voluntariado como agradecimiento a Dios por la salud de su esposo. “Lo hago y lo seguiré haciendo con mucho amor, se lo ofrezco a Dios y a la Virgen”, expresó.