Exhortativa para evitar daño al ecosistema

Marcelo Vargas Velasco
médico pediatra, Babahoyo, Los Ríos.- El quelonio Geochelone abingdoni, último ejemplar cautivo, con su muerte por vejez puso fin a la especie en el planeta cuando fue acribillada su población por depredadores humanos balleneros.

Vivió en paz en aquella tranquilidad de las islas Galápagos, no sé si fue feliz sintiéndose el único sin compañera similar, pero presentí por su mirada infinita su tristeza, que nos quería transmitir la esencia en que radica la existencia, contemplando esa fe en el medio ambiente y en la naturaleza. Su presencia nos adjudicó demasiado crédito que cualquier tributo sería insuficiente para reconocer su vida. La inconsciencia humana ha llevado a creer que destruyendo nuestro medio ambiente, atentando contra los ecosistemas o la biodiversidad por extraer supuestas riquezas van a llevar al progreso a un pueblo, cuando sabemos que el desarrollo y perfeccionamiento es mental, no material; el buen vivir está en el pensamiento, en las cosas más simples y sencillas de apreciar. Como réquiem a George propongo:

La eliminación del Decreto Ejecutivo Nº 486 que permite la pesca incidental del recurso tiburón, su comercialización y exportación; según datos del año 2010, más de 200.000 escualos han sido faenados.

La anulación, previa consulta, del contrato para la extracción minera a gran escala o denominada minería a cielo abierto, actividad fabril que utiliza mercurio, cianuro, arsénico, minerales muy tóxicos que provocarían daños incuantificables a la flora, fauna, aire y suelo, amenazando su supervivencia al afectar el recurso agua de vital importancia.

Apoyar y defender el Parque Nacional Yasuní, conforme el Acuerdo ministerial del 26 de julio de 1979 lo estableció, con una superficie de 982.000 hectáreas en plena cuenca amazónica. Por la Unesco, en 1989, el Parque Nacional Yasuní entró a formar parte de la reserva mundial de biósfera y, en 1999, una parte del parque fue declarada zona intangible.

Decir no a la posible utilización atómica como fuente de energía en nuestro territorio; basta con los desastres de la central nuclear en Chernóbil y los reactores nucleares en Fukushima, Japón, dañados por la fuerza natural del tsunami, que contaminaron con radiactividad al mundo, catástrofes apocalípticas.

Cumpliendo esto, es poco lo que se puede hacer en honor al Solitario George, huérfano de este cosmos desanimalizado y deshumanizado.

Marcelo Vargas Velasco,
médico pediatra, Babahoyo, Los Ríos