Fútbol
Es domingo y varios amigos se dan cita para ver la final de la Eurocopa. No entiendo ni disfruto el fútbol, pero me encanta el ambiente que crea y me gusta cocinar, así que estamos listos para gozar la amistad. En este primer día de julio, mes de la fundación de Guayaquil, hay un ambiente de regocijo y orgullo contenido que hace que los vecinos comenten las obras en la ciudad, los desfiles de los niños y jóvenes en las escuelas y colegios, las retretas en los parques y las inauguraciones de obras.
¡Y a ello se suma el fútbol! Los equipos de la ciudad ganaron. Vivo cerca del estadio de Barcelona y el bullicio y la alegría de las barras con sus tambores y bocinas es imponente. Nos asusta verlos con pinturas en las manos listos para pintar cualquier pared al menor descuido. Los niños se esconden y los valientes salen a cuidar las cercas.
Admiro el poder de convocatoria que tiene el fútbol. Quizás para disfrutarlo hay que jugarlo o haberlo jugado. En la tertulia de ese domingo para intentar convencerme de su importancia comentaron algunas frases de Galeano, quien se declara fútbol adicto, tomadas de su libro El fútbol a sol y sombra:
"En el fútbol, ritual sublimación de la guerra, once hombres de pantalón corto son la espada del barrio, la ciudad o la nación".
"El niño pobre, en general negro o mulato, encuentra en el fútbol la posibilidad de ascenso social, que no tiene otro juguete que la pelota: la pelota es la única varita mágica en la que puede creer. Quizás ella le dé de comer, quizá lo convierta en héroe o dios. (...) La miseria lo adiestra para el fútbol o el delito." Mi experiencia con jóvenes en sectores marginalizados, es una prolongación de esa afirmación.
Y una que me hizo reír mucho, concediéndole, la razón: "En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol".
Y supe que a Juan Pablo II se le atribuye el haber dicho: De todas las cosas sin importancia, el fútbol es, de largo, la más importante.
Pero la anécdota que resultó ser la más divertida fue la de John Lambie, entrenador escocés del Patrick Thristle, cuando el masajista le comunicó que un delantero que había chocado con un rival y no recordaba quién era, él respondió: "Perfecto, dile que es Pelé y que vuelva al campo rápidamente".
El trabajo con jóvenes en situación de vulnerabilidad realizado por SER PAZ demostró que el deporte, y más especialmente el fútbol callejero, teje convivencia en los barrios más inseguros de la ciudad.
Por eso, no me desconcertó que la Universidad Abierta de Cataluña ofrezca un masterado en Deporte para la Coexistencia Social y la Resolución de Conflictos. De nuevo mis amigos comentaron entre risas una frase de Galeano: "El fútbol se parece a Dios en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales".
El masterado busca, entre otras cosas, intervenir en situaciones de exclusión y de discriminación social a través del deporte, gestionar procesos de participación y de acción comunitaria, reconocer las diversidades y utilizar los valores del deporte como cohesionador y aporte en la resolución de conflictos.
