Expectativa por aumento de tráfico vehicular
QUITO
.- El sector de Carapungo, al norte de Quito, donde confluyen la Panamericana Norte y la autopista Simón Bolívar, se vislumbra como uno de los cuellos de botella para los usuarios del nuevo aeropuerto, cuyas operaciones están anunciadas para el 12 de octubre.
En menos de un quinquenio, la zona de Carapungo se ha transformado en el punto de distribución del tráfico urbano, interparroquial, interprovincial y en cuatro meses será también el soporte de los usuarios del nuevo aeropuerto, que viven al norte y que por cercanía circularán por esa ruta para llegar a Collas, en Calderón, para ingresar por la vía de acceso norte al nuevo aeropuerto.
Allí, una cooperativa de furgonetas hace las veces de terminal terrestre para llevar por $ 1,50 a pasajeros que ingresan o salen del norte de la urbe. Los buses interprovinciales que salen de la terminal terrestre norte a la del sur, también llevan a usuarios por igual valor hasta Quitumbe. Los buses que van a El Quinche, Tabacundo, Guayllabamba, Cayambe (Pichincha), Ibarra, Otavalo (Imbabura), Tulcán (Carchi) también llevan pasajeros.
Allí se suman los alimentadores de los sistemas integrados Trolebús, Ecovía y Metrovía que sirven a barrios de Carapungo, San José de Morán, Marianitas, Zavala, Llano Chico, Llano Grande y Calderón.
La zona soporta un intenso tráfico en sus 20 carriles, sobre todo en las horas pico. En la mañana, entre las 06:40 y 08:30. Ahí, cerca de diez carriles no logran desfogar el transporte. En la noche, la historia se repite entre las 18:00 y las 20:00 por la autopista Simón Bolívar y la avenida Galo Plaza Lasso (continuación de la 10 de Agosto).
Carapungo y Calderón, además de ser zonas residenciales son industriales; eso implica tráfico pesado. Sus habitantes se muestran preocupados por el eventual aumento del tráfico y contaminación ambiental.




