Estampas porteñas

Guayaquil, donde el sol es llamarada, donde la luna con orgullo ostenta más nítido blancor cuando ha salido de bañarse en tu río de leyenda!
Benjamín Cordero y León (cuencano)

Las tercenas o carnicerías
Estos locales siguen vigentes, pero sin la profusión característica del siglo pasado, aun así, continúan como parte del paisaje urbano.

Además, sus dueños o nuevos propietarios los modernizaron cambiándoles el nombre, pues en lugar de tercenas o carnicerías las llaman frigoríficos o supermercados de carnes.

Por lo general, cada barrio tenía su tercena adonde llegaban los jefes de familia y amas de casa para aprovisionarse de lo que necesitaban para el consumo diario o semanal.

Los ganchos exhibían tentadoras porciones de lomo, costillas, mondongo, corazón, hígado y más partes de la res que se unían a las de cerdo y chivo, incluidas en la venta.

Las tercenas servían de centro de reunión para el comentario del tema o 'chisme' del día en el barrio; hombres y mujeres se mezclaban en largas conversaciones, mientras los canes de la barriada enviaban miradas pedigüeñas al tercenero, quien no perdía tiempo para incluirse en la animada discusión.

En nuestra ciudad todavía hay el trajín de las carnicerías, con dueños que faenan, limpian y ordenan el producto desde la tarde que lo reciben hasta su venta formal al siguiente día.

Algunas usan potentes focos que iluminan aceras y soportales, lo que completa el simpático cuadro con vecinos que van y vienen.

Algunos locales descartaron el hacha para picar los huesos y compraron aparatos modernos para faenar y también de refrigeración; en igual forma abandonaron el uso del papel periódico impreso y blanco como envoltura y popularizaron el empleo de la funda plástica para despachar sus diversos productos.

Germán Arteta Vargas