Desalmados para desterrar el miedo, no hay otro camino
Noel Bonilla-Chongo
noelbonilla@gmail.com.- Hace mucho tiempo ya que Patrice Pavis enunciaba lo difícil que es el parto del texto a la escena. Entendiendo por texto, no solo la instancia física y objetiva de la escritura dramática, sino también aquel referente plataforma que serviría de móvil o inspiración al fabulador para urdir la trama de su puesta en visión.
Entonces, será el espacio físico y objetivo del escenario, la tribuna donde se concretaría el artificio de la representación; sí, aquel sitio que se convierte en instrumento para soportar el desarrollo de la acción.
No es suficiente que el creador pretenda sustraer al espectador desde la convención representacional, se requiere de ingenio muy sutil para poder transformar lo obvio y cotidiano en extrañante vehículo de seducción.
Ni la banda sonora, ni la iluminación, ni los trastos escenográficos, incluso, ni el cuerpo del danzante por muy elegante, hermoso o hábil que este sea, podrá castrar los antojos perceptivos de la inteligencia de la audiencia. Entonces, hay que conocer las leyes del escenario para poder manipular y montar la atención del lector-espectador.
Desalmados, propuesta de la compañía valenciana Ananda Dansa, que dentro de la diversa muestra expositiva que 'Fragmentos de Junio' viene ofreciendo al público guayaquileño, se inscribe, temáticamente, como clamor por un mundo mejor.
Creo que aquí centraría mi estimación a la pieza, pues como el poeta, "pobre del cantor de nuestros días que no arriesgue su cuerda por no arriesgar su vida"; so pena de no conocer otro camino que no sea el de la acción para llegar a la emoción. Con esta pieza, la compañía rebasa su recorrido de treinta años de creación e intercambio.
Residente en el Gran Teatro Antonio Ferrandis de Paterna, Valencia; mantienen un repertorio para adultos y niños, siendo muy significativo el ser adelantados en la asunción de proposiciones orientadas a la sensibilización de nuevos públicos, desde el lenguaje de la danza contemporánea.
Combinación de poesía visual, donde la técnica de sus bailarines se regodea en ambientes sonoros y de iluminación de cierta densidad dramática, resistiendo la franca elocuencia que el tema presupone.
En Desalmados, el espacio escénico está determinado por la implantación escenográfica. Suerte de ataúdes sin fondos y cubiertas que transitan, se suspenden, giran sobre la escena como posible metáfora de silencio que, por fortuna, también se quiebra dejando ver una franja para el aliento.
Se cuenta que en el repertorio de Ananda Dansa, una veintena de piezas marcan la distinción de un estilo que conjuga la belleza de imágenes que procuran hacer transitar al espectador de las emociones a la razón, donde ideas, conceptos, se vuelven gráficas de su escritura. Hoy, cuando la teatralidad vendría a corregir los derroteros conquistados por arte teatral, cuando la danza contemporánea se sigue cuestionando las heredades históricas venidas de una trayectoria validada por siglos de venturas académicas.
Hoy, cuando la propia praxis de las llamadas artes vivas, artes del tiempo, vienen a sostener que obramos (por fortuna) desde un paradigma que, aun en construcción, no deja de reafirmar que toda creación que no se resuelva desde la síntesis, concreción, gracia y sugerencia, no será más que un simple pasatiempo de danza; entonces, sin desalmados clamores desterremos el miedo.





