Comunicación y poder

LONDRES

La relación entre medios de comunicación y políticos ha sido siempre tortuosa, pues no todos los medios están a favor de los políticos y no todos los políticos están contentos con lo que los medios transmiten sobre ellos. Sin embargo, la realidad es que se necesitan mutuamente: mientras que los políticos buscan a los medios para convencernos de sus ideas e informarnos de sus acciones, los medios sobreviven en parte gracias a las noticias creadas por los políticos.

Esta relación suele ser incómoda además. Miremos el caso del Reino Unido: ha sido discusión casi diaria en los últimos diez meses, si es que los ex primer ministros británicos Tony Blair y Gordon Brown, y el actual, David Cameron, tenían o no una relación lo suficientemente cercana con Rupert Murdoch, dueño de News Corporation, para conseguir manipular sus mensajes políticos en uno de sus periódicos. La sola posibilidad de que haya existido una relación lo suficientemente incestuosa como para que los gobernantes influyeran o controlaran, de una u otra forma, las noticias publicadas por los medios de prensa ha dado lugar a investigaciones públicas e incluso el inicio de acciones penales contra los supuestamente implicados.

Mientras que en el Reino Unido se discute como un escándalo si un funcionario público estuvo vinculado a un medio de prensa, la relación del Gobierno de Ecuador con los medios estatales es alarmantemente íntima; sin embargo, con el resto de medios la situación cambia de extremo. Tanto es así que puede darse el lujo de romper con medios privados (“romper” en el sentido literal, haciendo referencia a lo que se viene haciendo en un par de sabatinas con ejemplares de diarios privados del país) y formalizar la negativa a que funcionarios públicos concedan entrevistas si no es en un medio del Gobierno. Todo bajo la justificación de que la prensa manipula la información.

Tomando en cuenta que el Gobierno cuenta con un sinnúmero de medios de comunicación (incluyendo los medios incautados), no cabe duda de que los gobernantes de turno cuentan con un considerable control mediático que tiene como resultado directo que el público lector, televidente y radioescucha esté limitado de contenido al recibir únicamente la “versión oficial”. Esto se confirma con la realidad de que cada vez quedan menos medios críticos: en lo que va del año han sido cerrados catorce medios “que no acataron las resoluciones del Consejo Nacional de Telecomunicaciones, mas no por razones políticas”. ¿Manipulación?

La restricción del debate político es la consecuencia más grave del problema mediático que hoy se vive en Ecuador: limita la pluralidad del contenido y restringe la amplitud del debate político.

Con estos precedentes en la Asamblea Nacional se hornea la controversial Ley de Comunicación, que en lugar de definir la distancia necesaria entre el poder político y el poder mediático amenaza con ser la estocada final al debate político. Todo esto, por supuesto, a las puertas de una nueva campaña electoral.