Un 'hacker' que se refugia en un pedazo de Ecuador en Inglaterra
Julian Assange es un australiano de 40 años experto en piratería informática que por sus acciones ha acumulado amores y odios en todo el globo.
Los afectos y desafectos se derivan de su trabajo como hacker. Su actividad consiste en vulnerar la seguridad e infiltrarse en los sistemas informáticos para detectar y luego mostrar pruebas documentales que evidencien hechos polémicos que estados, empresas privadas y hasta grupos criminales se esmeran en ocultar, según él mismo lo ha autodefinido.
Ello le ha generado detractores que cuestionan la divulgación de este tipo de información porque aseguran pone en riesgo la vida de las personas involucradas. Las evidencias que recopila y analiza con el apoyo de personal especializado las publica en la página web WikiLeaks, que fundó en el 2006.
Uno de sus aliados parece ser el presidente Rafael Correa. La cabellera blanca y la risa de Assange afloraron por momentos durante los más de 26 minutos de la entrevista que mantuvo con el primer mandatario, el 17 de abril pasado, vía Internet.
El diálogo fue transmitido el 23 de mayo por la cadena Russia Today. El rostro sonriente de Assange y su risa de tono sarcástico aparecen en esta grabación cada vez que Correa ironiza sobre la influencia de Estados Unidos en América Latina. La transmisión se inicia con el fundador de WikiLeaks relatando que la entrevista la realiza desde una casa de la campiña inglesa, en la que permanece bajo arresto domiciliario, sin enfrentar una acusación directa en ese país.
La entrevista termina con Correa diciéndole: "Ha sido un gusto conocerlo, Julian, al menos por este medio (videoconferencia). Y ánimo, ánimo, bienvenido al club de los perseguidos".
La condición de arresto domiciliario de Assange se deriva de un juicio planteado en agosto del 2010 en Suecia, por presunta violación y acoso sexual a dos mujeres con las que el acusado asegura que mantuvo relaciones sexuales consentidas.
Las autoridades judiciales suecas pidieron su extradición. Assange se entregó el 7 de diciembre de ese año a la policía británica Scotland Yard. Desde entonces ha estado en prisión preventiva y luego con libertad condicional hasta que el martes pasado se refugió en la Embajada de Ecuador en Londres buscando asilo político.
El pedido lo plantea luego de que el 14 de junio pasado, el máximo tribunal de justicia británico dio luz verde para que Assange sea extraditado a Suecia a partir de este miércoles.
Como justificación del asilo, Assange plantea que los juicios en su contra conllevarían a una posible extradición de Suecia a Estados Unidos, donde cree que podría enfrentar la pena de muerte por espionaje.
Esto luego de que WikiLeaks difundiera entre julio y octubre del 2010 más de 480 mil documentos internos de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (EE.UU.), en los que se narran comunicaciones de las intervenciones a Afganistán e Irak.
A estos reportes de guerra se sumaron en noviembre del 2010 más de 251.000 documentos diplomáticos de las distintas embajadas de EE.UU. en el mundo. El Departamento de Estado tenía clasificados estos documentos como 'confidenciales' y 'secretos', mientras que otros estaban sin clasificar.
Grace Jaramillo, profesora de Relaciones Internacionales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), dijo a la agencia AP que "el pedido (de asilo) es obvio, casi de sentido común, porque Ecuador es uno de los pocos países que ha dado gran apertura a toda la causa de Assange y lo ha visto con simpatía".
Un primer indicio de este aparente vínculo se dio en el 2010 cuando el vicecanciller de entonces, Kintto Lucas, ofreció la residencia ecuatoriana a Assange y lo invitó al país. Aunque después, Correa aclaró que la declaración de Lucas fue a título personal.
Ante estos antecedentes, el director de la maestría de Relaciones Internacionales de la Universidad Andina, en Quito, Marco Romero, estima probable que se conceda el asilo. "Sería coherente", aseguró Romero a la agencia AFP.
Esta aparente vinculación se sustenta también en que Correa y Assange coinciden en la visión de que los medios de comunicación privados requieren de una mayor regulación para evitar los monopolios y que solo publiquen lo que conviene a sus intereses, según las definiciones que ambos plantearon durante el diálogo que mantuvieron en abril pasado.
Ello, pese a que en uno de los cables diplomáticos de EE.UU. divulgados por WikiLeaks se acusaba a Correa de tolerar la corrupción policial.
Para Gonzalo Ortiz, decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Comunicación de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), "es una ironía que el símbolo de la libertad informativa y de las filtraciones a los periódicos se refugie en la Embajada del Ecuador, el país de América Latina que más está combatiendo la libertad de expresión", según dijo a la agencia española Efe.
Mientras que el pedido de asilo de Assange a Ecuador también generó reacciones internacionales. "Está pidiendo que se proteja la libertad de expresión, pero solicita asilo en un país que básicamente censura periódicos", dijo Frank La Rue, relator especial de la libertad de expresión de la ONU.
Así, Assange concita nuevamente la atención mundial, tal como ocurrió luego de que en abril del 2010 publicó en WikiLeaks un video en el que militares estadounidenses disparaban desde un helicóptero contra civiles iraquíes en el centro de Bagdad, capital de Irak.
Assange, quien tenía 39 años en ese entonces, siguió con su vida errante a la que está acostumbrado desde que era un niño. Este estilo de vida respondía a que sus padres estaban en movimiento constante por Australia, debido a su actividad de promotores teatrales. Assange ha afirmado que pasó por más de treinta escuelas.
Su situación de nómada se mantuvo en la adultez, por las amenazas de muerte que dice haber recibido por su trabajo.
En su adolescencia, Assange ya fue acusado de delitos informáticos. En ese entonces, con sus dotes de programador había vulnerado la seguridad de los sistemas informáticos de una universidad estatal, un instituto tecnológico y de la empresa de telecomunicaciones canadiense Nortel. Por ello recibió como condena el pago de una multa de 2.100 dólares australianos.




