Bolivia celebra Año Nuevo aymara 5520

AP
LA PAZ, Bolivia.- Bolivia celebró el jueves con ritos ancestrales la llegada del Año Nuevo aymara 5520 que coincide con el solsticio de invierno en el Hemisferio Sur.

El año 5520 resulta de la suma de los 5000 años de vigencia de los
pueblos andinos y el tiempo transcurrido desde la llegada de Cristobal
Colón (1492) el descubridor de América.

Miles de peregrinos acudieron esta madrugada a la localidad arqueológica de Tihuanacu, 60 kilómetros al oeste de La Paz, para esperar la salida del sol que según las creencias andinas llega cargado de energía.

En la ceremonia estuvo el vicepresidente Álvaro García en ausencia del mandatario Evo Morales, quien se halla en la cumbre Río+20 de Brasil.

En el pasado la celebración era practicada por indígenas andinos casi en secreto, pero en las últimas décadas cobró vigor y recibió mayor impulso desde el arribo de Morales al gobierno, quien declaró feriado y denominó a la fecha Año Nuevo Andino Amazónico.

Creyentes de todas las capas sociales acuden a medio centenar de sitios en las montañas a esperar con las manos extendidas al cielo la salida del Sol, Tata Inti, para los Incas.

Los aymaras llaman a la celebración Willka Kuti (regreso del Sol) y el sitio principal de la ceremonia es el templo de kalasasaya en Tihuanacu, unas ruinas arqueológicas construidas por los tiwanacotas (2000-1500 a.C.) para medir el tiempo y realizar ofrendas.

La fecha marca el inicio del invierno y el rito se realiza en la madrugada con temperaturas bajo cero en el altiplano cerca del lago Titicaca.

La cultura tiwanacota es anterior a los incas y su economía se basaba en la agricultura y ganadería en una extensa zona andina que abarcó lo que hoy es Bolivia, Perú y Chile. Antropólogos dicen que ese pueblo y sus sucesores aymaras e incas dividían el tiempo en función de su ciclo agrícola por la dependencia que tenían de la agricultura.

La ceremonia es celebrada por Yatiris (chamanes) que atizan en una hoguera ofrendas consistentes en frutas secas, lanas de llama, dulces de colores y nueces, entre otros elementos, que representan deseos y peticiones a la Pachamama (Madre Tierra) por buenos augurios. Algunas veces incluye el sacrificio de una llama cuya sangre caliente es regada para fecundar la tierra.

Los ciclos agrícolas se han visto alterados en estas zonas altas por el cambio climático cuyos efectos se pueden observar en el retroceso de los glaciares andinos que rodean esta ciudad.

La celebración se extendió el jueves a plazas de la ciudad de El Alto, vecina de La Paz, de fuerte influencia aymara por las migraciones, donde vecinos atizaban hogueras con ofrendas y masticaban coca para acompañar los rituales.