Crítica de televisión: Tres de los diez mandamientos de la TV
Por Torffe Quintero Touma
entv.torffe@gmail.com.- A lo largo de los años hemos visto cómo se toman y se repiten estrategias equivocadas en todas las cadenas de televisión del mundo. Probablemente algunos fracasos se deben al azar, otros a la imprevisibilidad del público o a la contraprogramación. Pero en buena parte la retirada de programas recién estrenados es consecuencia de decisiones erróneas de los equipos de contenidos o programación de dichas cadenas.
Mauricio Estrella y Omar Rincón recogen en su libro Televisión: Pantalla e identidad (2001), los 10 Mandamientos de la Televisión, concebidos por Moses Znaimer (creador del canal urbano City TV, de Toronto). En dicho texto se plantean varios puntos interesantes que bien se podrían aplicar a la realidad de nuestra televisión. Revisemos tres de ellos, a manera de reflexión.
Mandamiento 3
"La verdadera naturaleza de la televisión es un flujo permanente y no los programas en sí mismos. La televisión es un proceso y no una conclusión".
Totalmente de acuerdo, no es mera coincidencia que los estrenos de televisión locales, tengan una estadística promedio, algo fatídica: se estrenan 10 y ocho fracasan. ¿Y a qué se debe? Pues podrían ser varios los factores: o los programadores no se la piensan antes de armar sus parrillas, demostrando que les encanta tropezar varias veces con la misma piedra del "ofrecemos lo que el público desea"; o no se deciden a correr riesgos que verdaderamente puedan arrojar mejores productos y por ende más aceptación.
Solución: No compita con las mismas armas del rival, a no ser que solo desee empatar y desgastar la fórmula ante los ojos del público.
Un botón: Los magazines televisivos de nuestras mañanas. Enfocados para el ama de casa ecuatoriana de hace 30 años y con la misma fórmula: belleza, cocina, salud, niños, hogar.
Mandamiento 4
"Cuando más se globaliza el mundo de la televisión, más aumenta la demanda local de programación".
Coincidimos en esta realidad, pero el asunto no radica en comprar enlatados e insertarlos en la programación sin aviso previo para el televidente. Menos aún, significa que esta programación es un mero "tapahuecos" que se enchufa a los televidentes cuando alguno de los programas regulares terminó antes de lo programado, o cuando los feriados agobian a los programadores con el: "Y ahora qué ponemos, si no hay novelas ni noticias".
El irrespeto al televidente cobra fuerza en esa excusa sin argumento. El desconocimiento de que existe un público fanático de esas series y que muy probablemente espera poder ver su serie favorita doblada y no subtitulada.
Solución: Concebir una estructura programática alterna clara para los días festivos. Encontrar el espacio antes de firmar el convenio con los dueños del enlatado.
Un botón: La clásica CSI Las Vegas: su debut y no despedida de Teleamazonas.
Mandamiento 5
"La mejor televisión es la que cuenta, hoy, lo que sucedió con la gente y su realidad".
En este punto la lista de programas que han enarbolado la bandera de "lo ciudadano, lo humano y lo verosímil", llenaría al menos las páginas de esta sección. Sin embargo, y pese a reconocer de viva voz que el ideal es claro y se cumple, los parámetros con los que se presenta ese juego no son del todo eficaces.
Si bien los programas investigativos y noticiosos han recurrido al "darle rostro a los temas" y por lo tanto, han cubierto la necesidad de acercar a la gente; le han introducido situaciones de índole visceral o emocional que no necesariamente son parte de ese entorno. Entonces, lo que hay que tener claro es que "humano" no es sinónimo de burdo, chabacano, vulgar, dramático y morboso.
Solución: Preguntarle a Polo Baquerizo cómo le ha hecho para mantener al aire 'Haga negocio conmigo' por 40 años. Que si bien no es un programa de calidad excelente, no ha caído en representar sino en vivenciar lo humano; claro que en el proceso también ha incurrido en los adjetivos señalados anteriormente, pero desde el marco de lo humorístico quizá la piedra se traga más rápido.
Un botón: Esos mismos, estimado lector, esos que usted piensa y yo me he cansado de nombrar, así que para qué volver a hacerlo.
Seguramente el tema de esta columna dará mucho de qué hablar, y lo seguiremos haciendo.





