Peritos avaluadores

Jorge A. Barros Sempértegui,
ingeniero civil, Guayaquil.- El año 1999 fue de aviso y lamento de cómo afectaron las valoraciones manejadas por unos profesionales o personas inescrupulosas. La banca corrupta utilizó a su antojo el nulo control que las autoridades tenían sobre la realización de valoraciones que sustentaban créditos de todo nivel, y como resultado de ello el Estado y muchísimos ecuatorianos perdieron cantidades ingentes de dinero; y se perdieron algunas vidas en el anonimato de la injusticia de nuestra patria.

Si revisamos el índice de los juicios seguidos a delincuentes que participaron en el más grande asalto que se hizo en el Ecuador por medio del sistema financiero, por demás seguro es que no existirá entre estos ni un solo "avaluador" enjuiciado por estos conceptos. El Estado tomó cartas en el asunto e instituyó una calificación para poder ejercer la actividad de perito avaluador; situación que no es más que una presentación de documentos (papeles) que se obtienen fácilmente sin ningún requisito que convalide los conocimientos que tienen las personas sobre este tema: la valoración. En los años 2001-2002 cuando se creó esta calificación para ser perito, a mí nadie me tomó ningún examen, como por ejemplo hoy se hace con los jueces; ni se me realizó un análisis a mi experiencia o a mi ética. Nunca, hasta la presente fecha, no le toman a nadie pruebas que avalúen sus conocimientos, por lo tanto, cualquier persona que tenga los "documentos" que se piden y certifiquen haber asistido a uno o dos cursitos sobre el tema es avaluador de la República del Ecuador. Un sencillo concepto de avaluar dice que "valorar es saber justipreciar", o sea, es saber poner el justo precio; situación que nos convierte a los avaluadores en jueces, por lo tanto, con responsabilidades más profundas que las que se ven a simple vista. ¿Quiénes saben valorar? ¿Qué requisitos deben cumplir los avaluadores? Ser profesionales, con lo que se tiene una plataforma de conocimientos acordes a los necesarios para poder analizar las características técnicas de muebles o inmuebles. Ser peritos, expertos en el tema, tener experiencia en haber manejado bienes muebles o inmuebles; si soy ingeniero civil, es obvio que no podré realizar valoraciones de plantaciones agrícolas, barcos, aviones, etcétera; y que puedo valorar casas, urbanizaciones..; o si soy ingeniero agrónomo no podría valorar edificios, casas, etcétera; sino haciendas, proyectos agrícolas... Ser éticos, fui durante algunos años perito avaluador inmobiliario en dos bancos nacionales, y tuve que excusarme de continuar en la actividad por cuanto pusieron de "fiscalizadores" a jóvenes que no tenían conocimientos ni experiencia para supervisar la labor de profesionales con más de 30 años de experiencia, los mismos que solicitan bajar o subir los valores encontrados de acuerdo a sus criterios o deseos; y cubren todas las áreas: inmobiliaria, agropecuaria, transporte... O sea, son "genios" de la valoración en todos los campos. El Estado por medio de órganos de control debe tomar a cargo las valoraciones, más si son bancarias, homogenizar criterios de cálculo y tablas de honorarios profesionales; calificando el ejercicio de la actividad para que peritos avaluadores sean verdaderos jueces expertos y no estar al vaivén de intereses de grandes negociados.

Jorge A. Barros Sempértegui,
ingeniero civil, Guayaquil

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