Miércoles 22 de febrero del 2012 País

Indígenas otavaleños piden por nuevos frutos en las próximas cosechas

Carlos Armas | OTAVALO, Imbabura

OTAVALO, Imbabura. La fiesta del Pawkar Raymi (carnaval indígena) congrega en Peguche a indígenas otavaleños.

OTAVALO, Imbabura. La fiesta del Pawkar Raymi (carnaval indígena) congrega en Peguche a indígenas otavaleños.

Desde muy temprano, los esposos Antonio Lema y Elsa Ruiz, que este año fueron priostes principales de la fiesta del Pawkar Raymi (carnaval indígena), en la comunidad de Peguche, Otavalo, participaron en la misa y en el denominado Tumarina, un ritual ancestral de agua y flores, en el que se agradece a la “madre tierra” los beneficios recibidos.

La fiesta, que atrajo a cientos de comuneros y turistas, empezó el pasado 12 de febrero y culminó ayer en el estadio central, con la final del mundialito de fútbol indígena.

Al primer acto, celebrado en la iglesia, llegaron mujeres portando los elementos para el ritual como las flores y el agua en vasijas de barro; baldes plásticos, bateas de madera y canastas de carrizo.

Tras la eucaristía que presidió el sacerdote Rafael León, los fieles se acercaron hasta el altar, adornado por un enorme corazón de flores, para hacer bendecir los elementos del ritual que se usaron en la procesión, que iba a la vertiente de La Magdalena, lugar central para realizar el Tumarina.

A la salida del templo y parado sobre el umbral de la puerta, el párroco participó del acto y con alegría recibía y repartía los coloridos pétalos.

En la plaza, frente a la fachada del templo, todos bailaron en círculo al ritmo de una banda de pueblo. A la par, las mujeres, en señal de afecto y respeto, colocaron una mezcla de las flores y agua bendita en la coronilla de los familiares, vecinos y amigos. De ahí, Lema y su esposa encabezaron la marcha a la cual se sumó un grupo de violinistas y guitarristas.

Elsa portaba un cántaro de barro del cual sobresalían ramas y flores de maíz, uno de los elementos por el que también se festeja el florecimiento.

En el trayecto a la vertiente de agua no faltaron los voladores y las sartas (una especie de tronantes de pólvora), además la espuma de carnaval, pues por ser un producto de la época también es parte de la conmemoración. Ya en el lugar se pudo observar que también se colocaron pétalos sobre la cristalina agua que brotaba de un estanque.

“Agradezco a la Madre Tierra, al dios Sol, por permitirnos estos alimentos que nos da la vida”, decía Clemencia, la chamán que eligieron los priostes para llevar a cabo el ritual que duró unos 40 minutos, y en el cual se usaba palo santo para la purificación.

El Tumarina culminó cuando la chamán enterró parte de la comida en un costado de la vertiente. “Esto nos ayudará para que la tierra nos brinde nuevos frutos en las próximas cosechas”, acotó Clemencia.

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