- FEB. 22, 2012 - Foto - Tiempo Libre - EL UNIVERSO
El saxofonista Sergio Dawi ofreció un espectáculo por el mes del amor en el restaurante Atrium Bar, del hotel Hilton Colón.
Mientras esperaba conversar con Sergio Dawi, el estelarista de la noche, en el ampuloso Atrium Bar del hotel Hilton Colón; Blue Fusion, conjunto de planta, convirtió la impaciencia en placer. Desde su líder, el guitarrista Carlos Vera; hasta la vocalista, Diana Puig, una exótica belleza, la banda es adecuada para un hotel de prestigio.
Muy tranquilo y con toda sencillez me recibió Sergio Dawi explicándome que, en su show, la música está al servicio de la imagen, la cual transmite un lenguaje que oscila entre lo onírico y lo admonitorio.
Las imágenes proyectadas en video de 200 pulgadas o 4 metros por 3 apoyada sobre el piso del escenario, el equipo de sonido y el saxo de Sergio Dawi presentaron el VídeoSaxoMachine, que retrata sutiles (y no tan sutiles) aristas de la condición humana en un mundo convulsionado.
Mientras se alejaba para tomar el escenario me indicaba que esta es la primera vez que presenta el VideoSaxMachine en un hotel grande. Y así, vestido con un jumper blanco y parado contra la pantalla, Sergio empezó a tocar en saxo alto haciendo mood music, mientras nubes tormentosas aparecían proyectadas.
En asociación con elementos de la naturaleza, surgió la música electrónica y la puntuación del saxo acompañando al majestuoso oleaje del mar. De repente las imágenes en pantalla, explorando la vida submarina, se hicieron abstractas y también los efectos de sonido completamente inconexos desaparecieron cualquier asomo de figuración reconocible, audible o visible.
La música grabada, acompañada del saxo se convirtió en jazz latino, mientras las proyecciones asumían una figuración semejante a las de Andy Warhol o sea un brinco de la naturaleza a la cultura pop.
La filmación que muestra a Sergio de niño, hecha por su padre, resultó quizás lo más conmovedor. Moviéndose en un baldío, lleno de chatarra de demolición, esta filmación en blanco y negro muestra al niño Sergio Dawi encontrándose y atesorando un gigantesco saxofón bajo mientras escuchamos música española con Sergio en saxo alto.
Pasando por escenas urbanas en alguna pequeña ciudad andina, estilo Bolivia o Perú en el centro colonial, llegamos a la abstracción y luego al absurdo con varios encapuchados tocando saxo y haciendo música soul de Rythm and Blues seguido de imágenes de figuración abstracta y música funk, para ofrecer al público espectador un sonido irresistiblemente bailable.
Hasta aquí el viaje onírico de Sergio Dawi. Las escenas en África, de niños pequeños tocando percusión en objetos para disipar su condición de esclavos (como en el sur de la Unión Norteamericana a fines de siglo XIX) o mujeres semi-desnudas bailando como propiedad de algún rey tribal ofreció, apropiadamente, una impactante pieza de jazz, para acompañar un tono ya no de ensoñación sino directamente admonitorio.
Enfocando las calles de Nueva York o Buenos Aires, mientras escuchamos Fever con toda su carga rocanrolera para luego escuchar jazz, mientras la pantalla nos muestra piernas bailando frenéticamente, es solamente un preludio al final de este performance en el cual Sergio Dawi desciende del escenario para, tocando sus mejores notas, caminar entre las mesas y así llevar al espectador más vida directamente en esta singular puesta en escena musical.