Nuestro invitado |
Al ver tanto acto de intimidación del Gobierno en contra de la prensa, de la libertad de expresión, de todo aquel que disienta de la verdad oficial, es elemental concluir que quiere infundir miedo, y miedo cerval, es decir grande y excesivo, para que en adelante nadie se atreva a cuestionar, a investigar, a hurgar en los papeles reservados de adjudicación de contratos, de manejo de los fondos públicos. Pero pienso que el gobernante realiza estos actos movido por otro miedo cerval, el de perder el poder si lo pone en juego en una justa electoral libre, sin enmiendas electorales amañadas para garantizar su triunfo, sin uso de la maquinaria electoral del Estado, sin cadenas nacionales de prensa, con renuncia de su función con anterioridad al inicio del proceso electoral. Es tan intenso el miedo, que el presidente salió presuroso a recorrer los cuarteles ofreciendo alzas de salarios. El miedo del presidente le va a costar caro… al pueblo ecuatoriano. Qué contraste entre la visita del presidente con ramo de olivo y chequera a los cuarteles militares, ahora, con la iracunda al cuartel de Policía el 30S. Mayor todavía el miedo de sus cortesanos, que inventan todos los vetos para no arriesgar el triunfo.
Analicemos, ¿qué otro objeto que el de asegurar el triunfo puede tener una prohibición de hablar, de criticar la obra gubernamental en una campaña electoral? Históricamente, nuestras campañas electorales han sido virulentas; por ejemplo: en 1956, las candidaturas liberales-socialistas del Frente Democrático, llevaron sus ataques al Gobierno a tal extremo, que el presidente saliente, Velasco Ibarra, encolerizado, pronunció su célebre desafío: “O el Frente me aplasta a mí o yo le aplasto al Frente”. Velasco usó toda la fuerza de su oratoria y venció, pero no limitó la libre expresión de sus adversarios, que recrudecieron sus ataques ¿Qué otro objeto puede tener el reducir el porcentaje de votación de 45% a 40% para vencer en una sola vuelta? Es claro que sus encuestas les dicen que la popularidad va en descenso. Y con el mismo propósito, impondrán al sumiso Tribunal Electoral que postergue la fecha de las elecciones, y así eludir la prohibición constitucional de no alterar las leyes electorales en el año inmediatamente anterior a los comicios. Y para que la prensa no se atreva ni remotamente a hacer entrevistas a los candidatos de oposición, llevan a la hoguera bárbara a los periodistas autores del libro de El Gran Hermano, al Diario EL UNIVERSO, a sus directivos, a su columnista. ¡Que el mundo libre condene al presidente, pues es el precio que hay que pagar por conservar el poder!
Para que nada falle en el mecanismo de represión, han metido mano en la justicia, han intimidado a los jueces. Sí, es un acto de intimidación el que el presidente concurra ante los jueces que lo pueden convertir en multimillonario, en un juicio que lo llama personal, acompañado de la Fuerza Pública, de sus ministros, siempre listos a correr en la dirección que les señale. ¡Vencedor del miedo el juez que resista a la intimidación, al despliegue del Poder!