Estamos en vísperas de carnaval. Quienes somos oriundos del austro ecuatoriano, en mi caso de Sígsig (Azuay), practicamos un carnaval alegre, festivo, poco “civilizado”, muy húmedo por dentro y por fuera; las familias y los amigos al grito de viva el carnaval nos entregamos a excesos lícitos, rubricados por la tradición, como parte de nuestra forma de ser. Pero, no quiero hablar del carnaval; me sirvo de él para unas cuantas reflexiones.
-El agua nos desnuda. Una dama elegante, perfumada, con hermosos atuendos y maquillaje impecable, luego de un diluvio soportado con estoicidad, en plena pampa, es una mujer irreconocible, sea ella joven o mayor. El agua tiene ese poder: barre con apariencias, nos desnuda, nos muestra como somos en realidad; el espejo, en estos casos es un cruel testigo.
-El invierno que hoy soportamos en el litoral es consistente y persistente. En Salinas no ha llovido de esta forma en los últimos once años; las calles y solares abandonados en diversas ciudadelas, son lagunas, charcos inmundos, de manera especial donde no existe alcantarillado. Visiten Los Geranios, Las Conchas o La Milina, allí encontrarán ustedes el testimonio de la irresponsabilidad de gobiernos locales del pasado. Las actuales autoridades municipales de Salinas conocen los problemas, pero no disponen de recursos económicos. Los moradores de algunas ciudadelas, entre ellas La Milina, han pedido se declare la emergencia para evitar graves problemas de salud para sus moradores. Los artículos 389 y 390 de la actual Constitución de la República son muy claros: “El Estado protegerá a las personas, las colectividades y la naturaleza frente a los efectos negativos de los desastres…”.
-Un pedido especial a “quien nos ha robado el corazón”: suspenda la publicidad que adormita al pueblo ecuatoriano; que esos millones vayan a los municipios en quiebra para solucionar el problema de los moradores de ciudadelas y barrios periféricos. Cinco años de gobierno equivalen a dos o tres gobiernos de la década 1995-2005. Cinco años es mucho tiempo… El dengue es ya una epidemia, ¿por qué no se previno este flagelo? Chone está inundada ahora como lo estuvo siempre en los fuertes inviernos. Las calles de los pueblos por donde atraviesan las carreteras de cemento están llenas de lodo; los accesos a los mercados populares de esas pequeñas y grandes poblaciones de la Ruta del Spondylus son lodazales. Visiten las escuelas y colegios de la periferia, el invierno nos desnuda. ¿En qué hemos cambiado?
Si nos llega de nuevo un ESE30 sabremos por qué viene. No para tumbar a un gobierno. No para matar a un presidente, pero sí para decir al mundo que la razón debe imperar sobre el capricho; que la libertad no se hipoteca ni se la sepulta; que la democracia es un camino largo y fatigoso, pero que es el único para formar personas, ciudadanos, gente pensante; que el atropello, el insulto, el abuso, la desfachatez y el descaro siempre serán repudiados por los pueblos dignos.
Amigas y amigos, asiduos lectores de la “prensa ‘corructa’”, que disfruten en este carnaval.