- FEB. 12, 2012 - Foto - Cine y TV - EL UNIVERSO
Anne Hathaway y Jim Sturgess en una escena de la película One Day, del director Lone Scherfig y que se estrenó este mes.
La premisa en la cual se basa One Day simplemente huele a osadía. Sí, a riesgos, también, pero sobre todo resulta asombroso que la apuesta en la que se mete su director, Lone Scherfig, se enmarque en una historia de amor adaptada (del escritor y actor David Nicholls) en la que los encuentros y desencuentros forjan una relación imperecedera.
Digo osadía, pues resulta irónico pensar que la taquilla reventará con la dulzura, el dramatismo y la melancolía que se pueden desprender de ese tipo de premisas.
Claro, hay que apuntar la idoneidad de calendario con la que se ha hecho su lanzamiento. El día de los enamorados, también influye en el peculiar humor que debe tener la gente para ver cintas como esta.
No me mal interprete, estimado lector, no soy una desamorada; simplemente la película no aporta nada nuevo bajo el sol.
Sí, es justo reconocerle a Anne Hathaway, el hecho de soportar de manera plausible un papel que no la favorece. Es graciosa e intensa en su papel de escritora bohemia y desaliñada, sin embargo, no termina de convencer.
Es sin dudas, Jim Sturgess, quien con su interpretación de Dexter, logra que la película sencillamente brille. El espectador quedará prendado de una actuación madura que evidencia los cambios de un personaje en los 20 años que narra la historia.
Sin embargo, en el tiempo es donde justamente radica el talón de Aquiles de esta producción. Contar hacia atrás la historia de un amor maduro, sus múltiples etapas, la relación de confianza, cercanía, intimidad y solidez que se pretende; es demasiado pretencioso.
Por eso se queda en las tablas y no termina de hacer sentir al espectador, convencido de que los personajes son realmente esa especie de almas gemelas destinadas a encontrarse definitivamente en algún día de sus vidas.
La cinta tiene en su guion técnico mucho de favorecedor. Hay en ciertos momentos una fotografía impecable, que imprime una atmósfera de sueño imposible pero deseado (aquí muchas de las enamoradas de la sala se sentirán identificadas, probablemente).
Ese sueño de estampa se acompaña de una banda sonora que definitivamente es el punto más fuerte de la producción. Creación de Rachel Portman, emociona sobre todo en su apertura, a la vez que vamos conociendo a esta pareja en la que se hace difícil ver esa confianza espontánea de los primeros años.
En fin, una cinta para disfrutarse y salir preguntándole a la pareja cosas tan antojadizamente ¿cursis?, ¿melosas?, ¿dulces? (depende del gusto); tales como: ¿y si fuésemos nosotros los que...? No sé, véanla, a veces es bueno bañarse de aquello que los otros piensan que se llama amor, aunque solo sea un día al año.