Sábado 11 de febrero del 2012 Familia

Dos historias que ‘ladran’ amor

MARÍA BELÉN SALINAS

Pookie inspiró a Jordana Valverde a crear la asociación Rescate Animal, que ayuda a perros y gatos que no tienen hogar o que sufren maltrato.

Pookie inspiró a Jordana Valverde a crear la asociación Rescate Animal, que ayuda a perros y gatos que no tienen hogar o que sufren maltrato.

‘Amor bajo la lluvia’
entre Pookie y Jordana

En marzo del 2008, en el contexto de un torrencial aguacero, Jordana Valverde se percató de que un cachorro, de un mes y medio aproximadamente, estaba acurrucado debajo de un árbol y no dudó en trasladarlo, sin saber cuál sería la reacción de los dos canes que ya tenía en su casa.

Luego de llevarlo al veterinario y someterlo a un tratamiento para el grave problema de piel que padecía, y por las pulgas y garrapatas, Pookie (el nombre que le dio la joven al cachorro) mejoró. “Mi intención fue siempre dar en adopción al perrito una vez que estuviese sano (...) y llegó el día. Mientras más pasaba el tiempo no solamente me encariñaba con él, sino que noté que él despertaba en mí un sentimiento de querer protegerlo por sobre todas las cosas”.

Finalmente, la muchacha no solo se quedó con el perro, sino que también se sintió inspirada para crear una asociación que ayude a los animales abandonados o maltratados. Así nació Rescate Animal. “Hoy soy la presidenta de un maravilloso grupo de jóvenes que, desinteresadamente, entrega su tiempo y recursos a los animales callejeros”, afirma Valverde.

Rescate Animal organiza, periódicamente, una serie de actividades para obtener recursos en pro de sus mascotas rescatadas, y para poner en marcha los procesos de adopción. Gracias a Pookie, agrega Valverde, ella pudo descubrir la realidad de los animales sin hogar y no duda en manifestar que no fue ella quien rescató a Pookie, sino que fue su cachorro quien la salvó y la ayudó a vivir de una forma más consciente y solidaria.

Dos compañeras que avanzan con esfuerzo

Las redes sociales son puertas abiertas que guardan muchas sorpresas. Carla Campuzano, quien había pasado por un serio quebranto de su salud encontró una muy grata: a Candy, una perrita que a pesar de su discapacidad, ha sido toda una luchadora y ha hecho ‘caminar’ el amor dentro del hogar de su dueña. Campuzano, por medio de una fundación a favor de los animales, decidió adoptarla por un tiempo, sin saber que estaría con ella hasta ahora. “Al verla me dio muchísimo miedo, primero porque era la perrita más grande que había tenido y segundo porque estaba tan enfermita que no movía nada de su cuerpito”, manifiesta.

Luego de una terapia neural y varios cuidados como cambiarle el pañal tres veces al día, añade, Candy se recuperó y ya se podía sentar, y las profundas escaras que tenía en su cadera se fueron cicatrizando poco a poco. Pero algo faltaba, dice Campuzano, y decidió que su perrita, quien aún está sometida a terapias en agua y ejercicios de estiramiento, tendría una silla de ruedas.

“Investigué aquí en Ecuador y otros países, incluso, pensé hacerla yo misma hasta que encontré una página argentina donde se podía hacer la silla y salía mucho más barata”, reconoce. La joven hizo una campaña por Facebook y también buscó ayuda por otros medios, y a la causa aportaron finalmente amigos, parientes que ella tenía en EE.UU., entre otros. “Aún recuerdo la primera vez que Candy se subió a la silla, aún un poco torpe avanzaba. Lo impresionante fue que en la segunda ocasión ella corría y hasta daba de retro para no tropezarse ni quedarse atrapada”.

Aunque Campuzano confiesa que ha debido hacer muchos sacrificios por Candy, no se arrepiente de aquello. “Todo se ve recompensado cada vez que uno ve sus ojitos llenos de amor o cada vez que llegamos a casa y ella se emociona de vernos. Es imposible no amarla”.


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