Sábado 11 de febrero del 2012 Gente

Historias prohibidas de amor que cuento

JORGE MARTILLO MONSERRATE | jotamartillo@yahoo.es



La cercanía de San Valentín trae a la memoria varias crónicas que hablan del amor, los romances y la música que enamora.

La cercanía de San Valentín trae a la memoria varias crónicas que hablan del amor, los romances y la música que enamora.

Ante la proximidad del Día del Amor lanzo a volar estas historias entre reales y ficticias de amor que ocurren en una Guayaquil apasionada.

Cita de amor en el parque de las iguanas: Fotografiaba a las iguanas del parque Seminario. En un receso, vi a un anciano leyendo el periódico. Después una pareja se ubicó al otro extremo de esa banca. Un viejo solitario y una pareja joven me pareció un contraste interesante. Viéndolos a través de la cámara les inventé nombres y diálogos.

Lucía acaricia la mano de Arturo que ve a una iguana caminar por ese parque inaugurado en 1895. Entonces recordé la crónica Alma en los labios, de Raúl Chávez González, en la cual cuenta que Medardo Ángel Silva iba al parque por las noches a reunirse con sus amigos bohemios. Cuando la muchacha susurra algo, yo la hago decir: Estoy segura de que en esta banca se citaban Medardo y Rosa Amada Villegas, él la esperaba con flores y poemas de amor.

El muchacho bromea: Te estás volviendo loca. Ella lo silencia con un beso y sigue: Rosa Amada tarda en llegar.

Cuando sabe que no llegará y aquí escribe: Se va con algo mío la tarde que se aleja.../ mi dolor de vivir es un dolor de amar/ y, al son de la garúa, en la antigua calleja/ me invade un infinito deseo de llorar.

Al escuchar esos versos, el viejo deja de leer. De reojo, mira a la pareja. La muchacha ve al viejo y compara esa piel marchita con la de Arturo. Te amaré siempre, le promete. El muchacho no dice nada y ella lanza otra de sus fantasías: Si el viejo fuera Medardo le pediría que me escriba un poema pero que no lo publique jamás para que sea mío y de nadie más.

Cuando el viejo miró a la pareja, yo supe que esa era la foto. Pero cuando iba a dispararla, una niña vendedora de rosas invadió el cuadro. Lucía toma una. Arturo paga. Se besan.

El viejo se entera de que celebran el día de los enamorados y llama a la niña que le vende una rosa. Lucía y Arturo se extrañan. El anciano dobla su periódico y se marcha. Lucía observa al anciano rumbo al portón de frente a la Catedral y reflexiona: ¿Para quién será esa rosa? La respuesta de Arturo es inmediata: Para la tumba de su esposa. Lucía, agarra su mochila para también partir y replica: Quizá ella lo espera en casa para celebrar. Lucía y Arturo que caminan abrazados, alcanzan a ver al viejo desaparecer en una esquina. La banca queda vacía en espera de enamorados y solitarios.

JJ atormentado por su fatalidad: Abrazados y medio tambaleantes entran a la habitación. Un foco ilumina a la vedet. JJ lanza su chaqueta sobre una silla y bebe el whisky que resta en la botella. Ella empieza a desnudarse. Pero ahora sin la percusión del bongosero ni las miradas de los tipos del cabaret, se suelta el cabello imitando a esas rumberas mexicanas –a las que vio en el teatro al aire libre de Bogotá– que enloquecían a la jauría del cerro Santa Ana. JJ ya no se excita con facilidad. Enciende un pitillo. Como una diosa verde, la vedet se despoja de las medias negras y después del sostén.

Sobre la pared se dibuja la sombra de ese cuerpo desnudo. Se exhibe como una fruta madura. Pero esa noche una historia prohibida atormenta a JJ. Absorbe el pitillo, desea espantar a sus fantasmas.

Casi ya prófugos de sus tormentos, ve ese cuerpo oloroso a sudor y estero. Echada en el lecho, lo ve desnudarse. Deseándolo, lo recuerda cantando boleros y pasillos, aunque algunos comentan que ha perdido su voz de ruiseñor.

Un sol inclemente azota a la pareja cuando salen apresurados de esa casa de citas esa mañana de 1976. Parten en taxis diferentes. El taxista lo reconoce y hace comentarios del sitio en que JJ ha festinado la noche. Él guarda un silencio marcado por el signo cruel de su fatalidad.

“En 1956, después de un concierto en el teatro Parisiana, unos tipos lo secuestraron y se lo llevaron en una camioneta. Al otro día, lo socorrieron en el hospital y corrió la bola que fue una venganza por una chica abusada”, le cuenta una alcahueta a la joven vedet defraudada. Verdad o leyenda urbana, JJ sabe que sin voz ni bríos, solo les resta partir tras la muerte.

El Guayaquil caliente de Lorena Bobbitt: Desde que escapó de aquel club no duerme en paz. Su farra fue con dos talentos de un canal de la competencia. Él escribía un engendro que todas las noches emitía la TV.

Después de unas cervezas en El Montreal fueron a un bar celestinamente oscuro. Se cansó de salsear, pero no de beber y ellas bailaron juntas. Al libretista lo calentó la posibilidad de un trío. Cuando Luly abrió su cartera, alcanzó ver un cuchillo pero ella extrajo un sobrecito, lo invitó, pero él no deseaba suspender su mágica ebriedad. Ambas marcharon al baño y regresaron colocadas.

Cuando quiso enrumbarlas, Luly le susurró: Primero vamos al club de unas amigas y después lo que tú quieras. No recuerda cómo llegaron a esa cofradía. Tras la barra resaltaba el afiche de Lorena Bobbitt.

Es nuestra guía, le informó Luly, y la mesera le dio una hoja impresa –que él guardó– y lo ilustró: Lorena Gallo nació en Bucay pero una noche en los Estados Unidos... Él no escuchó más porque Luly lo arrastró hacia Marilyn. Soy el único, comentó, y en dúo replicaron: Eres el único macho. Medio recuerda que se durmió y al despertar todas las mujeres lo cercaban empuñando sus cuchillos. Logró escapar porque el diablo también es macho. Luly y Marilyn están en Holanda con la dueña del canal.

Días más tarde, encontró el papel que le entregó la mesera y lo leyó: “Sexálogo para los machos. 1. No llegues borracho. Tu mujer podría estar esperándote para quitarte tu PLD. (Pene de Larga Duración); 2. No la maltrates. Trátala con el amor porque se puede cabrear y ¡zas! Perdiste tu PLD; 3. No le cuentes tus aventuras amorosas. Es tortura psicológica. Hacerte el macho te puede costar caro, si no pregúntale a John Wayne Bobbitt; 4. No la fuerces cuando ella no quiere. Más claro no canta la gallo; 5. No le digas que no te importa. Que cuchillos hay en todas las casas. Si a pesar de todo, ella sigue cabreada, duerme boca abajo”.

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